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Los subsidios ¿La base de competitividad del campo?

Según datos del presidente de Asocaña, Luis Fernando Londoño, se han aportado 5 billones de pesos del erario para subsidiar el campo, y las medidas, como cada día vemos en las noticias y diarios no parecen hacer efecto. Las causas son variadas y conocidas por casi todos: desigualdad, infraestructura, servicios públicos e importaciones suelen ser algunos de los argumentos que líderes de opinión y de agremiaciones suelen aducir a la falta de competitividad del campo.

“Un sector no debe crecer con subsidios, es un principio general. En Colombia se tiene montada una agricultura que se sustenta en subsidios y por lo tanto, no se expande de forma competitiva. Sin duda, es el tipo de desarrollo más frágil que se puede construir y lo poco eficaz que resulta ese esfuerzo fiscal se ve reflejado en el crecimiento tan pobre del sector. Las ayudas económicas públicas deben tener una intención clara y no deben ser permanentes. Al productor se le debe exigir alcanzar un mejoramiento en su productividad, cosa que aquí no sucede.” (Perfetti, Juan José. Fedesarrollo. Diario la república, Diciembre 18 de 2013)

Como bien lo menciona Perfetti, los esfuerzos por mejorar la productividad del agro son nulos, y si los hay, se restringen a unos pocos sectores específicos como el floricultor que se encuentra en medio de un mercado muy competido, mientras los arroceros aun se quejan de que la oferta y la demanda aun no coincide.

¿Son entonces los subsidios inconvenientes? Una vez más la cita anterior responde a la pregunta. Los subsidios no son inconvenientes. Familias en acción, un subsidio que lleva doce años ha logrado disminuir las tasas de pobreza y garantizar que niños de familias pobres asistan al colegio, requisito para hacerse acreedor del aporte. Ahora bien, este subsidio ha estado en continuo debate por sus usos electorales, sin embargo, es innegable su aporte a las familias sin recursos. Lamentablemente se ha enfocado en mitigar la pobreza de las ciudades capitales más que la de las zonas rurales. El campo entonces necesita subsidios, pero no aquellos que tienen como fin mantener en el poder a alguien, se necesita un acompañamiento integral para mejorar la productividad. Así como familias en acción ha logrado bajar tasas en algunos índices, también ha generado dudas por cuanto puede llevar a legitimar la informalidad de las familias pues, según académicos del país, estos subsidios deben tener un mecanismo de salida de sus beneficiarios, de lo contrario algunas familias buscaran la forma es de mantenerse de los subsidios. Así mismo la base de datos para acceder a este subsidio es el sistema de seguro social, en su momento el Sisben, y según datos de esta entidad, en Colombia 29 millones de personas pertenecen a él, por lo que confiar en este mecanismo sería un error y existirían muchos beneficiarios del subsidio que no deberían tener acceso este.

La Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO por sus siglas en inglés) nombró el 2014 como el año de la agricultura familiar. En Latinoamérica, según cifras de la misma organización, el 80% de la agricultura es familiar, por lo que las políticas deberían encaminarse a atender este segmento de la población, el atraso político en atender estas necesidades es casi tan antiguo como el conflicto colombiano. Las mesas de discusión que se crearon en el Ministerio de Agricultura desde la pasada revolución de las ruanas (http://www.semana.com/nacion/articulo/la-rebelion-ruanas/355181-3), como la llamaron algunos medios, busca generar espacios de diálogo para generar política pública. Aunque la mayoría de problemáticas se conocen, existe un gran acierto desde el Ministerio para fomentar la agremiación, base para atender las necesidades de los diferentes territorios y generar economías de escala al comprar los insumos, una de las principales peticiones de las pasadas manifestaciones.

El reto que enfrenta el campo en el año 2014 es el de comenzar a profesionalizarse, no hablo de las grandes industrias, hablo de ese 80% de las familias que con escasos servicios públicos y una educación que no se adapta a la realidad de las necesidades del campo, en la mayoría de los casos, debe enfrentarse a la competencia de los productos importados y a las grandes inversiones de las empresas agropecuarias nacionales. Ciertamente ya se dan los primeros pasos si logramos generar agremiaciones fuertes en cada región del país.

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