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Las políticas agropecuarias, el mejor negocio para los de cuello blanco.

Desde hace unos cuantos años en el país se han venido adelantando políticas agropecuarias que se supone están diseñadas para aumentar e incentivar la producción agrícola colombiana, sin embargo estas políticas son una herramienta que están utilizando los diferentes dirigentes del país para desangrar el bolsillo de los agricultores.
Si tomamos el caso del café, hace unos años éste era el emblema nacional en términos de agricultura, con cultivos tradicionales, uso de sombríos, y producción de café “orgánico” de alta calidad, lo cual ubicaba a Colombia como el productor del mejor café del mundo. Sin embargo, las propuestas de desarrollo, innovación y evolución que la Federación de cafeteros le vendía a los caficultores resultaron siendo las culpables de la crisis que hoy vive el gremio caficultor. La propuesta de industrializar y tecnificar los procesos que planteaba la Federación era una gran idea para ayudar a aumentar la producción del grano, no obstante el poco seguimiento y la poca capacidad técnica que posee el país, convirtió este proyecto en el peor error. Esto puede evidenciarse en tres claras razones:
En primer lugar la falta de personal capacitado para desarrollar las políticas propuestas terminó siendo un obstáculo en el desarrollo evolutivo del agro nacional. El Estado pretendía imitar el exitoso modelo Americano, donde las universidades del agro más importantes del país se encuentran ubicadas en los pueblos agrícolas, por ejemplo en Texas que es una tierra de ganado se encuentra Texas A&M University, la mejor universidad del mundo en genética animal; ejemplos como este se evidencian al interior de todo el territorio americano, de tal forma que el país está en la capacidad de educar a las personas que van a encargarse de implementar y desarrollar las nuevas políticas que el Estado propone.
En el caso colombiano, el ICA y el Sena son los encargados de educar a quienes van a implementar las políticas en materia agropecuaria pero lamentablemente la educación que estas entidades imparten no está a la altura para que un egresado logre aplicar e implementar los modelos que el Estado y las Federaciones proponen. En segundo lugar los sobre costos que acarrea consigo los procesos de industrialización y fertilización a gran escala vuelven inviable el cultivo minifundista que el país posee, de tal manera que para lograr producir un saco de café los pequeños cafeteros deben incurrir en costos muy elevados que dejan el margen de ganancia muy cerca de cero. Por último, las entidades del gobierno y las federaciones actuaron de manera irresponsable al proponer la inclusión de nuevas variedades de café que supuestamente resultaban más resistentes a diferentes características de clima y plagas, no obstante estas nuevas especies no fueron puestas a prueba durante más de 1 año, lo cual impidió la propagación de nuevas plagas, enfermedades y bacterias, pero cuando estas nuevas variedades empezaron a ser sembradas y su popularidad aumentó, nacieron las nuevas plagas que atacaban dichas variedades, y para las cuales los campesinos y agricultores no estaban preparados, de tal manera que no se pudo dar una respuesta oportuna a este problema. Ustedes se preguntaran ¿por qué he hablado de este tema, si mi interés real es el aguacate? La respuesta es muy sencilla: El aguacate es un producto que está entrando a reemplazar en muchos lugares del país al café, y como producto nuevo está expuesto a ser manipulado de la misma manera en que se manipuló el café en su momento, y es este temor el que me lleva a recordarles lo ocurrido con anterioridad en el país, y las consecuencias que esto trajo para los agricultores. Es simplemente un llamado de atención para que analicen con otros ojos las propuestas que el Estado y las federaciones le hacen a los futuros aguacateros, y que tratemos de blindar de alguna manera la introducción de manos con diferentes intereses dentro del negocio que hoy empezamos.
Escrito por Rafael Gómez
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