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El candidato campesino.

“El Dr. Oscar Iván Zuluaga recuerda su infancia campesina”:
En una entrega anterior afirmábamos que el País vive uno de sus momentos políticos más difíciles. Entre otras razones por la desinformación perpetrada por una prensa que ha tomado partido. También por la erosión de instituciones a la que el gobierno presente y el anterior sometió a la Rama Judicial y el actual, además, a la desmoralización de las fuerzas armadas.
El debate entre candidatos se ha reducido a las posturas ante las negociaciones en la Habana con las FARC y ahora aparece el ELN. El eufemismo que se emplea es el de la paz. Como si la firma de las partes trajera la eliminación de la violencia en el país. ¡Cuánta ingenuidad! ¿Por qué ingenuidad? Por la sencilla razón que la violencia en el país no la causan únicamente esos grupos ‘alzados en armas’ o ‘narcoterroristas’, términos impuestos según sea el bando que los califique. Llamémoslos los ‘narco-alzados’ para darle un pedazo de razón a cada bando. El número que los integra en verdad no se sabe a ciencia cierta.

La Agencia Colombiana para la Reintegración registra 56.197 personas desmovilizadas en la última década. Por razón de la desmovilización colectiva, las AUC aportaron 31.696 a esa cifra, mientras que por razón de desmovilizaciones individuales, las FARC aportaron 16.810, las AUC 3.619, y los ELN 3.403. (www.reintegración.gov.co). De esas personas desmovilizadas 31.530 han sido atendidas en proceso de reintegración, el resto podemos conjeturar que no siguieron el proceso o por no requerirlo o por impaciencia y querer formar parte de las comunidades cuanto antes o, sencillamente, para reincidir en un estilo de vida demasiado incrustado en la mente y corazón del violento. Es posible estos últimos formen parte de las ‘bacrim’ y otras organizaciones criminales.

Suponiendo que los ‘narco-alzados’ sean alrededor de 10.000 y como no hay prueba de la unidad de mando de la ‘Coordinadora’, al firmar la negociación es posible unos 5000 se acojan a una desmovilización colectiva. El resto formará una nueva razón social: las ‘farcrim’ y las ‘elncrim’. En otras palabras, estamos presenciando una tramoya que al final no desmovilizará más de una tercera parte de los que fueran integrantes de las FARC que lo hicieron por vía de desmovilizaciones individuales a lo largo de la última década.

Si este argumento tuviera alguna validez, entonces ¿por qué tanta energía política invertida en el proceso? Propongo una teoría. La negociación es entre élites, una tradicional incrustada en el poder y que le ha cerrado el paso a la participación de la otra. Ésta ha demostrado gran perseverancia, que parece ahora agotarse, no para continuar haciendo actos terroristas de gran envergadura y que produzcan la máxima conmoción real y publicitaria , cuanto salir de sus refugios camino a una participación política. Y si la élite tradicional los lleva de la mano, podemos imaginar el intercambio futuro de favores entre élites.

Lo que tenemos que decidir en pocos días los colombianos es sí el súbito interés demostrado por las partes en la cesión de territorios, denominados con otro eufemismo: Zonas de Reserva Campesina, repetirá el ensayo del Caguán. En ese entonces más de 40.000km2 –algo parecido al área de Suiza—dejaron la desolación económica y social, grandes propiedades en cabeza de testaferros de todos los narcos adjetivados y corredores aptos para el comercio de estupefacientes y de minería ilegal.

Está bien documentado que la guerrilla ha servido a la colonización armada de la frontera agrícola del país (Marco Palacio, 2012. La violencia pública en Colombia, 1958-2010. México: Fondo de Cultura Económica). Localidades sin ninguna presencia del Estado, contaron con ella como agente ordenador, claro que a su manera.

Luego ¿qué tan genuino es el interés por el desarrollo y bienestar del campo colombiano, sus habitantes campesinos, finqueros y jornaleros, en cabeza de quienes lo han minado, lo han extorsionado, lo han desolado? ¿Qué tan genuino es el interés en aquel bienestar, de quienes de parte del gobierno ceden territorios más extensos al cedido en el Caguán?

¿La firma de un tratado, si logra cambiar las prácticas de las personas? ¿Será importante que los firmantes demuestren algún conocimiento del campo colombiano? ¿Para al menos tener alguna autoridad moral que califique su genuino interés por campesinos y finqueros?

¿Contribuiría a la certeza de un genuino interés por las poblaciones rurales el comprobar si los firmantes aprendieron a ordeñar en su infancia?

Por Gustavo González C.
Bogotá, Junio 11, 2014
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