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Ya no nos duele

Recuerdo que mi padre me contaba cómo el hecho de salir de la casa causaba temor y zozobra, que no se sabía a ciencia cierta si se volvería en la tarde. Para entonces, la narco guerra que existía entre nuestro Estado y Pablo Escobar (entre otros reconocidos narcotraficantes), había llegado a los cascos urbanos: atentados a la población civil, centros comerciales, entes gubernamentales, etc. Para entonces, los citadinos sentían el flagelo en carne propia, temiendo por la vida de sus allegados, por la propia. Desde entonces, ya han pasado más de dos décadas. Una nueva generación se erige en un país que trata de crecer, de progresar, pero que por múltiples factores ha visto truncado su potencial de ensueño.

Ya hace un buen tiempo que en los cascos urbanos no se vive el temor de aquellas épocas, ya los problemas de la guerra no nos tocan como antes: ahora somos conscientes de todo esto por los medios, al ver personajes pidiendo ayuda en buses o en semáforos. Nos acostumbramos a ellos, y ya no nos duele.

Tampoco nos duele la situación de sequía. Si bien nos preocupamos al respecto y surgen iniciativas privadas que logran movilizar parte de nuestra población, no sentimos esa sed. No somos capaces de comprender esa situación. Sabemos que es un suplicio, pero gracias a Chingaza, entre otros (en el caso bogotano), no sabemos lo que es no tener qué beber. La sequía aumenta los precios de nuestros alimentos, pero es parte del modelo de oferta y demanda bajo el que operamos como sociedad.
La situación en La Guajira lleva años, no es para nada nueva. Y lo que la hace más preocupante es que “Después de 5 billones que La Guajira ha recibido de regalías, tienen que mendigar unos carro tanques.”[1]
Es más, La Guajira no es la única región afectada por la sequía: la cuenca del río Sinú se ha secado, y las reses de la zona de a poco han ido muriendo de sed, según fuentes en la zona[2]. Otro claro ejemplo es el de Hidrosogamoso (perteneciente a ISAGEN) en Santander, represa que se hizo en la cuenca del río Sogamoso y que no se ha podido llenar por culpa de la sequía que azota a varias partes de nuestro país[3].
Todos estos casos de desplazamiento y sequía ya hacen parte de nuestra rutina. Sin embargo, me alegra ver como poco a poco, nacen iniciativas que de una u otra forma buscan que se genere consciencia en los usuarios, por ejemplo, la iniciativa de la venta de las camisetas en W Radio[4], o a punta de castigo monetario[5], para que nos duela: para que por fin hagamos algo.

@lfrojas405

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