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Agrobiotecnología en Colombia: potencial abundante, oportunidad desaprovechada

Colombia es un país privilegiado por su biodiversidad. Es el primer país en diversidad de aves y orquídeas, segundo en diversidad de plantas, anfibios, peces dulce-acuícolas y mariposas, tercer país en diversidad de reptiles y palmas, cuarto país en diversidad de mamíferos, y contando. Actualmente, se han reportado en el Sistema de información sobre Biodiversidad Colombiana (SiB), 54.871 especies. Estas cifras son un estimativo grueso y no dan cuenta del potencial de la biodiversidad del país, dado que son los datos registrados de las investigaciones en la Infraestructura Mundial de Información sobre Biodiversidad (GBIF), en donde para el caso de Colombia no se han considerado la diversidad, por ejemplo de microorganismos.
Como país megadiverso, y de vocación agropecuaria, se debió privilegiar al campo como motor del desarrollo económico y social desde tiempo atrás y sigue siendo un imperativo encontrar estrategias que nos permitan mejorar la productividad de las áreas rurales, implementar sistemas que se dirijan a modelos de sostenibilidad alimentaria, generando alternativas económicas a los campesinos.

La implementación de herramientas tecnológicas como la biotecnología, definida por el Convenio sobre la Diversidad Biológica como “Toda aplicación tecnológica que utilice sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para la creación o modificación de productos o procesos para usos específicos”, ha permitido a otros países llegar a ser potencias agrícolas debido a sus avances tecnológicos. Es un ejemplo el caso de Argentina, Brasil, y Paraguay que cuentan con una cantidad considerable de personal calificado, invirtiendo fuertemente en formación de recurso humano para la biotecnología, con respecto a otras regiones en América Latina. Esto les ha permitido avanzar en una serie de industrias no solo en el sector agrobiotecnológico, a través de las actividades de investigación y desarrollo (I+D) y las alianzas con el sector privado. Según el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología, para el 2013, solo el 2% de los grupos de investigación se dedican a la biotecnología. Del 2003 al 2012, en biotecnología fueron presentadas por residentes 42 patentes de las cuales fueron aceptadas 14 en la misma área.
Para el caso del sector agrícola, la agrobiotecnología ha logrado mejorar la calidad, producción y rendimiento de los cultivos en varios países, ha contribuido en el desarrollo de nuevas variedades que se ajustan a las necesidades del sector agropecuario y ha permitido desarrollar políticas de producción basadas en la sostenibilidad y sustentabilidad de los recursos biológicos y agroclimáticos existentes. Si bien la comunidad internacional se debate entre los alimentos modificados genéticamente y la preservación de especies nativas en el territorio, Colombia no cuenta con las herramientas para defender su soberanía alimentaria en este debate ya que son muy pocas las alternativas tecnológicas que son ofrecidas a los productores agrícolas.
Observando nuevamente el potencial investigativo del país, se evidencia que, según el Foro de Biotecnología y Agroindustria, realizado el pasado 24 de abril en la Universidad Externado de Colombia, tan solo se cuentan con 5 grupos de investigación en el área de agrobiotecnología en todo el país, acompañados por instituciones estatales como el ICA y Corpoica que trabajan en este tipo de desarrollos. La investigación en agrobiotecnología, es un elemento fundamental de desarrollo económico que significaría para el sector agrícola acceder a material vegetal de mejor calidad, disminuir los ciclos de reproducción de las plantas y aumentar la resistencia o tolerancia a factores climáticos.
Por otro lado, si bien los grupos de investigación realizan esfuerzos por investigar nuestra biodiversidad, la agrobiotecnología en el país presenta varios obstáculos, ya que solo los recursos del Estado no alcanzarán para lograr sacar de los laboratorios el conocimiento generado si no se dirigen todos los esfuerzos en las alianzas Universidad-Empresa-Estado, y en constituir todas las redes necesarias: Articuladores, anillo de innovación, clusters, bio-regiones, como lo menciona Jaime Gutiérrez Fonseca, director de la empresa Biotecnología & Bioingeniería CORE, una de las contadas spin off exitosas colombianas, teniendo en cuenta que se requiere aproximadamente 10 años y USD$500-800 millones para lograr un desarrollo biotecnológico para el sector salud y 5 años y USD$25 millones para un desarrollo agrobiotecnológico.
La apuesta entonces está en conformar una masa crítica de recurso humano que pueda construir el sector biotecnológico colombiano como una herramienta multidisciplinaria y transversal, que permitan contribuir a la solución de los problemas de nuestra población. Nuestros científicos necesitan el apoyo interdisciplinario de profesionales que los apoyen en el escalamiento de los productos biotecnológicos que se generan en los laboratorios, la construcción de las cadenas de producción y el apoyo jurídico que respalde estos productos, generando así una alternativa de negocio sostenible.
Si bien la problemática agrobiotecnológica es compleja, es imperativo un trabajo articulado, para lo cual el primer paso es integrar a las nuevas generaciones de profesionales en el área de administración, economía, ingeniería y derecho, a incursionar en la producción de la ciencia, la tecnología y la innovación, y a trabajar desde la universidad en solucionar las necesidades más apremiantes de nuestro país, pensando en el aprovechamiento sostenible de nuestros recursos a través de soluciones pertinentes para el contexto colombiano.
Isabel Duarte
Funcionaria de la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico de Bogotá.
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