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La 22: un gran logro de emprendedores Uniandinos 

Recuerdo mi clase de finanzas en la universidad de los Andes con Philip Schütze, una persona bastante curiosa, hábil para los números y con todas las ganas de salir al mundo a poder montar su propio negocio. Recuerdo que todos los días llegaba con una idea de emprendimiento diferente, investigaba por todas partes a ver cómo podía proponer algo nuevo para el mercado, le invertía el 90% de su tiempo a buscar oportunidades y 10% del tiempo a entender los modelos financieros que nos enseñaba el profesor. Puedo decir que entre mis compañeros de clase, Philip era una persona que tenía un verdadero espíritu emprendedor.

Un día, caminando por la Universidad, me topé con Philip vendiendo sushi, ese día, con mucha curiosidad, le pregunté por su sueño, y esta es la historia que vengo a relatarles.

Todo empieza con una gran oportunidad

Creo que el dicho de: “el que busca encuentra” aplica muy bien para el caso de este gran emprendedor, que entre tanto buscar halló ni más ni menos a uno de los mejores chefs de Sushi de la ciudad de Bogotá. Esta persona le ayudó a estructurar el emprendimiento que él tanto había anhelado: Take a Sushi, un emprendimiento orientado a vender rollos de sushi de la mejor calidad a precios asequibles para los estudiantes en la Universidad de los Andes.

Philip desarrolla entonces todo el modelo de negocio de Take a Sushi siendo un emprendedor bastante recursivo, aprovechando canales de venta que no le costaran sumas altas de dinero pero que hicieran que su producto se vendiera con facilidad, pensando siempre en el consumidor y en cumplir con su propuesta de valor. Es por esta razón que decidió vender sus productos en una de las papelerías más populares de la Universidad. Para garantizar la calidad de sus productos, utilizaba neveras portables que le demostraran a los estudiantes que el pescado siempre estaba fresco y muy bien empacado, además tenía certificados de los proveedores de sus productos, pues esta era una excelente garantía de calidad, además del sabor del pescado de cada uno de los rollos de sushi que vendía.

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Un segundo golpe de suerte

Una tarde, Philip estaba en la papelería donde vendía sus productos cuando se le acercó Rafael Gómez, un gran emprendedor que en ese momento se dedicaba a vender hamburguesas de excelente calidad también en la Universidad. Rafael había estado observando a Philip por días y había notado el éxito que ya tenía Take a Sushi: vendía cuarenta rollos diarios, con una estandarización idéntica al mejor restaurante de Sushi de la zona pero a la mitad del precio. Para Rafael Take a Sushi era un boom. Es así como Rafael le propone a Philip arrendar un local compartido, para que juntos pudieran sacar adelante tanto el emprendimiento de los rollos de sushi como el de las hamburguesas.

Nuevos retos

De la mano de una oportunidad siempre habrán nuevos retos, y al aceptar la propuesta de Rafael y arrendar el local, Take a Sushi y las Hamburguesas se enfrentaron a una serie obstáculos:

Diseño del local

La primera decisión que se tenía que tomar era el balance entre la calidad del alimento y el diseño del local. Pues los dos emprendedores sabían que tenían que

acortar costos de alguna manera. Esta decisión no fue difícil de tomar, pues coincidían en que lo primordial de cada producto que vendían era la calidad del pescado, por lo cual no podían afectar su propuesta de valor por tener un local mejor adecuado. Ante esto, decidieron desarrollar un concepto de local que no invitara a los clientes a sentarse, sino que solo fuera un punto para recoger los productos. La idea era que el consumidor se sintiera como en los metros de la ciudad de Nueva York donde el consumidor sabe que se vende comida rápida de buena calidad, pero no una experiencia alrededor de la comida.

Diseño del empaque

Atado al concepto de comida rápida de calidad, estaba el diseño de los empaques, pues el consumidor no se podía llevar un producto de excelente calidad en un empaque barato. En este sentido, los emprendedores le invirtieron una suma alta de dinero al diseño de los empaques, haciendo que fueran prácticos, llamativos y más importante, que protegieran los rollos de sushi y las hamburguesas de la mejor manera posible.

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Estrategia de ventas

Philip quería mantener bajos los precios de los rollos de sushi, pero no quería sacrificar la calidad para lograrlo. Por otro lado Rafael quería vender hamburguesas del estilo de la Charcutería pero también con precios asequibles para los estudiantes. Esto era un gran reto para los dos emprendedores pues además de cumplir con su propuesta de valor, tenían que equilibrar sus costos. Fue así como desarrollaron una estrategia de ventas basada en la rapidez de su cadena de producción. El chef que hacía los rollos de sushi era bastante eficiente y esto les daba una ventaja notable, pues era capaz de hacer 16 rollos de sushi al mismo tiempo, lo único es que los tiempos de espera de los pedidos para los clientes oscilaban notablemente. Entre el primer cliente que llegaba a ordenar su pedido y el cliente quince, había un tiempo de espera de casi 16 minutos, pero apenas llegaba el cliente dieciséis el tiempo de espera era mínimo. Esto quería decir que ser el cliente número dieciséis en la fila era estar de suerte ese día. A pesar de que lo anterior les garantizaba eficiencia, no les estaba garantizando satisfacción por

parte de los clientes, especialmente para esos clientes que llegaban de primeras y su tiempo de espera era extremadamente largo. Es por esto que Philip y Rafael replantearon su estrategia y decidieron disminuir los tiempos de entrega al tener preparados los rollos de sushi que más se vendían antes de que llegaran los estudiantes, y aquel rollo que no fuera parte del mise and place que tenían preparado, se le hacía al estudiante individualmente.

Primiparadas

Se puede decir que para ser emprendedor se necesita pasar por la etapa de ser un primíparo, tal como sucede en la universidad, y el título de primíparos lo tuvieron que cargar estos dos emprendedores en diversas ocasiones:

Las vacaciones

Las proyecciones de ventas que había hecho Philip y Rafael no tuvieron en cuenta los períodos de vacaciones de la Universidad, y este fue el primer error garrafal; pues se dieron cuenta que las ventas en vacaciones pasaron de 140 rollos de sushi a tan solo 20 rollos por día. Esto los llevó a abrir los ojos y darse cuenta que realmente tenían 180 días productivos y que si no los aprovechaban al máximo no iban a poder sacar el proyecto adelante

La influencia de externalidades

Philip y Rafael no tuvieron en cuenta al hacer sus planes de negocio que aspectos lejanos a su pequeño local podrían afectarlos notoriamente. Por ejemplo, la subida del dólar hizo que se incrementaran exponencialmente los precios de la materia prima, y como su propuesta de valor era vender el mejor sushi a precios de estudiante, tenían que buscar la manera de solucionar el problema sin afectar ni la calidad ni el precio de los productos, esto implicó recortes en personal y cambios en la cadena de producción para poder ajustarse a las externalidades.

Recursos Humanos

Como el título de primíparos lo tenían muy bien puesto estos dos emprendedores, cometieron el error de no tener a sus empleados afiliados a todos los seguros requeridos. Un día, el chef principal se cortó el dedo haciendo uno de los rollos de sushi y esto llevó a que Take a Sushi tuviera que pagar por todos los costos de la cirugía. Desde ese día, aprendieron a afiliar a todos los empleados y a cumplir con todas las exigencias legales.

Tercera oportunidad: la vencida

Con los aprendizajes que tuvieron empezaron día a día a sacar con más fuerza y éxito su emprendimiento, hasta llegar a crecer tanto que el destino los llevó a la expansión. Para este caso, encontraron una magnífica casa en una excelente zona de la universidad, que después de un fuerte trabajo de reestructuración y de una gran inversión, se terminó volviendo en lo que hoy es: Plaza 22.

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El lugar simboliza la convicción y el empeño de estos dos emprendedores que tuvieron que aprender muchas lecciones para poder sacar adelante su sueño. Es

una casa en donde el comensal puede encontrar diferentes opciones de comida, el ambiente es bastante amigable y pensado estrictamente en las necesidades del estudiante Uniandino. Lo anterior nos lleva a concluir que cuando se tiene un sueño, lo único que se necesita es voluntad, dedicación y esfuerzo para sacarlo adelante y así desarrollar proyectos exitosos como el que estos dos emprendedores lograron.

Escrito por Daniela Botero

Fuente

Philip Schütze y Rafael Gómez -Plaza 22.

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