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Las fracturas de la educación rural en Colombia

“La insurgencia de presiones brutales, la crueldad que caracterizó a esta época recientísima de nuestra historia, no habría prendido tan fragosamente sobre una nación educada, sobre un país civilizado[…] La insensibilidad que se apoderó de buena parte de las antiguas clases dirigentes ante la tremenda gravedad de la violencia es también otro síntoma de la defectuosa educación, aún en las más altas jerarquías de la inteligencia. Fallaron los sistemas educativos […]. Ese es un hecho histórico.”

Alberto Lleras Camargo en El Tiempo, citado por Helg (1989)

La frase de Lleras Camargo parece aún vigente, sobretodo en el campo colombiano, pues seguimos cargando con el peso de la guerra, la clase dirigente continúa siendo indolente frente los problemas sociales del país y el sistema educativo público en las regiones rurales es todavía defectuoso, con muchas metas por cumplir. Si bien desde el Frente Nacional los gobiernos han hecho esfuerzos para llevar la educación a todos los territorios y todas las poblaciones del país, seguimos teniendo una Colombia rural con deficiencias en calidad y cobertura de la educación.

En efecto, el Estado desde hace 50 años ha buscado cerrar las brechas entre la Colombia rural y la urbana; por ejemplo, durante el gobierno de Betancur, se crearon alianzas de cooperación y financiación con el Banco Mundial, y a través del la creación de Escuelas Nuevas, aportaron con cobertura y calidad a la educación primaria en las áreas rurales. Asimismo, después de la Constitución de 1991, el gasto en educación pasó a ser constitucionalmente un derecho fundamental que obliga a los gobiernos invertir en el sistema educativo del Estado. Esto logró importantes avances en materia de educación, por ejemplo la escolarización secundaria para el grupo de edad entre 12 y 17 años incrementó del 41% en 1986 a 70,5% en el 2000, lo cual puede también correlacionarse con la disminución de la pobreza que se logró entre estas dos décadas. Como las dos situaciones anteriores, hay más hechos positivos que han marcado la evolución de la educación en Colombia; sin embargo, la transición ha sido muy lenta y la población más afectada por la ineficiencia han sido los campesinos, por lo que queda mucho por hacer.

Actualmente, el sector rural parece no tener las garantías de una educación digna que permita a los jóvenes campesinos quedarse en su tierra y no dejarse llevar por el espejismo de que en la ciudad existen más oportunidades ofrecidas por el campo. Actualmente, varios datos del último Censo Agrario de 2015 resultan preocupantes y demuestran que los esfuerzos históricos del Estado en educación no han sido suficientes para el desarrollo sostenible del agro colombiano. Por ejemplo, el DANE encontró que 20% de los niños y niñas, entre 5 y 16 años,  que habitan en áreas rurales, aún no tienen acceso a la educación primaria; además, casi el 12% de la población campesina mayor de 15 años es analfabeta, y cerca del 72% de los jóvenes entre los 16 y 24 no tienen acceso a educación después de la escuela primaria. De este modo, según el Programa Regional Juventud Rural Emprendedora, por la falta de condiciones que garanticen un sistema educativo digno, más del 42% de la población joven campesina no estudia ni trabaja, y cerca de un tercio emigra de las regiones rurales.

A mi parecer, estos datos son vergonzosos para un país que pretende entrar al “club de los países ricos” (OCDE), sin antes reparar todos los vacíos que presenta la el campo colombiano y sus fracturas en su educación. Si no se crean las instituciones para resolver la estructura del sistema educativo, la juventud rural no encontrará incentivos en seguir con las labores agrícolas de sus familias, continuará la migración hacia los centros urbanos y la demografía del campo seguirá envejeciendo. Como consecuencia, se incrementaría la pobreza del campo que actualmente afecta al 85% de la población rural. Hasta el momento, varios gobiernos han justificado que la guerra ha sido el principal obstáculo de la educación en la Colombia. Ahora bien, nos encontramos en un momento esperanzador para muchos, pues por enésima vez el Estado se encuentra en medio de diálogos con las dos guerrillas principales del país. Si el resultado de los acuerdos es, finalmente, un perpetuo cese bilateral de la violencia, el Estado y su Gobierno no tienen excusa para cambiar la situación educativa de los jóvenes rurales, a los cuales se les debe garantizar un buen vivir como campesino.

Paralelo a las condiciones sociales, la educación también es una oportunidad para aumentar la productividad del sector agropecuario, un incentivo más para que los jóvenes campesinos asuman la continuidad del trabajo agrícola y para el fortalecimiento de la economía. Asumo que la educación en este sector debe tener un enfoque diferencial, contextualizado con cada región, integrado a una escuela técnica y de emprendimiento. El sector cafetero ha sido un ejemplo de esto; según la Federación Nacional de Cafeteros se encontró estadísticamente que entre mayor educación tienen los productores, existe mayor productividad por hectárea: “los que cuentan con educación secundaria, 93,4 arrobas en promedio; los que cursaron primaria, 67,3 arrobas, mientras que la productividad de los caficultores sin ningún nivel de escolaridad no pasa de las 50 arrobas por hectárea”. Además, mayor educación de los trabajadores rurales permite una mayor innovación, lo que puede ampliar la cadena de valor de los productos agrícolas, como también ha sucedido con el desarrollo de un gran número de productos agregados del café.

En fin, se está siendo tarde para priorizar la educación rural como una política seria de Estado, que construya un sistema integral educativo y que le permita a los jóvenes visualizar una vida digna en el campo. Pero, ¿por dónde empezar?… ¿Un Magisterio de profesores para el campo?¿Un Ministerio de Educación Rural? ¿Modelos educativos flexibles? ¿Una Escuela Pública de Desarrollo Rural?¿Una deuda con el FMI, el Banco Mundial o el BID?¿solo un Ser Pilo Paga Rural?.

Mientras algo sucede, el campo en Colombia vive con un eterno ‘amanecerá y veremos’.

Escrito por Andrés Garcés

BIBLIOGRAFÍA

Claves para fortalecer negocios campesinos. (26 de agosto de 2015). Semana. Recuperado de http://www.semana.com/educacion/articulo/claves-para-fortalecer-negocios-campesinos/440051-3

“La prioridad en el campo es sobrevivir, no la educación”. (11 de noviembre de 2015). Semana. Recuperado de http://www.semana.com/educacion/articulo/entrevista-aurelio-iragorri-ministro-de-agricultura-colombia/449438-3

Caminos para crear un nuevo mundo rural. (Junio de 2008). Altablero. No. 45. Recuperado de http://www.mineducacion.gov.co/1621/article-168266.html

Diálogos entre la educación media y superior (2014). Magisterio. No. 64. Recuperado de http://www.magisterio.com.co/articulo/educacion-media-y-superior-para-poblaciones-rurales-en-colombia-posibles-dialogos

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