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Aquella magia que viví con Ramo 

Sentados en el salón de clase nos dan la gran noticia que haríamos una salida a conocer la fábrica de la Empresa Ramo. ¿Ramo? ¿De verdad? ¿Vamos a ir a ver cómo hacen el Chocoramo? ¿Será que nos van a dejar entrar a las plantas principales? – preguntaban los estudiantes en el salón. Claudio y Freddy, profesores de la Universidad de los Andes del curso de Alimentos y Oportunidades de Emprendimiento, acertaban con la cabeza y nos llenaban a todos de expectativas. Realmente íbamos a conocer la fábrica de una de las empresas más prestigiosas de nuestro país, y sí, efectivamente íbamos a ver cómo hacían el famoso Chocoramo que tantos colombianos hemos comido a lo largo de nuestras vidas.

Llegamos a Ramo temprano en la mañana, salimos de la Universidad en un bus que nos estaba esperando a las 6:30 en punto y a las 8 de la mañana, ya estábamos todos sentados en la Sala de Juntas de la Planta Principal de Ramo en la Zona Franca de Bogotá. Nos dieron la bienvenida con una mesa llena de productos de la empresa, había desde Achiras Ramo hasta Donuts, Galletas, Tostacos, Ponqué Gala y Chocoramos. Mientras con ansias nos comíamos todo lo que nos ofrecían, nos contaron la historia de esta increíble empresa y caso ejemplar para muchos de los empresarios colombianos:

“Ramo nace en el año 1950 cuando Don Rafael Molano comienza a vender ponqués hechos por su esposa Doña Ana Luisa a todos sus compañeros de Bavaria. A medida que pasa el tiempo, sus ponqués se vuelven cada vez más exitosos haciendo que Don Rafael no solo venda sus productos a sus compañeros, sino en diferentes tiendas. Ya para el año 1964, los productos de Ramo habían crecido tanto que Don Rafael Molano y su esposa deciden industrializar el producto, siempre tratando de conservar la línea casera. El éxito es tal que en el año 1972 Ramo no solo tiene su planta en Bogotá sino que se expande a Antioquia y abre una planta en esta ciudad. Esto hace que Ramo siga creciendo a un ritmo acelerado a tal punto que la empresa ya no se queda con un solo producto, sino que empieza a expandir su portafolio, por ejemplo, ya no solo vende ponqués tajados como había iniciado, sino que lanza Galletas Ramo, Achiras Ramo y su producto estrella El Chocoramo.

Asimismo, nos relataron cómo la empresa se ha ido adecuando a las barreras que se le han presentado en el tiempo. Por ejemplo, su acelerado crecimiento hizo que tuviera que minimizar la dependencia de los proveedores de materias primas. En este sentido, Ramo crea una granja avícola para la producción de huevos, así como

compra El Molino las Mercedes para producir y procesar el trigo de sus productos. Con los años, la empresa sigue creciendo y afrontando diariamente los retos que le va trayendo el futuro. Hoy en día, su posición sigue siendo sumamente competitiva, cuentan con una de las plantas más modernas del país y en esta, uno de los hornos para ponqués más sofisticados y de mayor tamaño en el mundo. (Ramo, s.f.)

Terminada la historia, y también satisfechos de haber comido todas las delicias que nos habían obsequiado, todos nos alistamos para entrar a la planta principal de la empresa. Si me dejaran describir en una sola frase lo que sentí al conocer esta planta, puedo decir que me sentí en la película de Charlie y la Fábrica de Chocolates de Tim Burton. El olor a ponqué horneado se sentía hasta en los huesos. Es un olor difícil de describir, solo puedo decir que se asemejaba mucho al olor de la casa de mi abuela cuando solía cocinar ponqués caseros en las navidades.

Nuestra primera parada fue la sección de horneado; era impresionante la cantidad de moldes y masa que se podía ver, las máquinas donde se batían las mezclas eran enormes, parecíamos en un mundo mágico. Además, había un número elevado de personas trabajando en la planta. En cifras nos contaban que en un turno podían llegar a haber 425 empleados trabajando y en un día completo (2 turnos), había 1355 empleados en la planta. Si en ese entonces me estuvieran enseñando la administración bajo la teoría de Taylor creo que la hubiera entendido perfecto al ver la productividad de cada estación de trabajo.

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Seguimos nuestro recorrido y llegamos a la estación del producto estrella Chocoramo. La clave para que un ponqué horneado se vuelva un Chocoramo, es esperar a que los ponqués estén a una temperatura fría para que el corte y el glaseado de chocolate no se dañe. Esta es la razón para que hayan dos jornadas de trabajo; una que comienza en las horas de la noche, en donde se hacen los ponqués, y otra que comienza por las mañanas utilizando el ponqué que ya ha enfriado de la noche.

El proceso de corte es muy interesante, en esta primera planta las máquinas no son tan modernas por lo cual se alcanza a perder producto que no queda bien cortado o que no sale a la perfección, sin embargo, tienen una cantidad notable de personas controlando los procesos y haciendo que los cortes sean los más perfectos posibles. Las tajadas van saliendo y parece un desfile de comida por diferentes pasarelas. El olor sigue siendo protagonista y dan ganas de comerse cada uno de los productos que van pasando por el frente. De la sección de corte las tajadas de ponqué llegan a la etapa de cobertura de chocolate, en este punto, el olor ya no solo es masa horneada, sino que se mezcla con el chocolate derretido que va cubriendo cada uno de las tajadas. De ahí se pasan por una máquina de enfriamiento para ser empacados con el chocolate duro y seco.

Después de conocer la sección de ponqués, nos dirigimos a la sección de producción de Achiras Ramo. Las achiras son un producto hecho con cuajada y al tener este ingrediente, su masa es densa y pesada. Debido a esta contextura, hay una máquina que la coloca en una larga bandeja para hornear, como resultado, las achiras quedan ordenadas en largas filas una tras la otra haciendo una especie de patrón. Yo nunca había visto una cantidad de achiras tan grande y ordenadas de una forma tan perfecta. Era una locura.

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Cada punto de la planta tenía su esencia, de las achiras pasamos a la producción de galletas de leche, después al famoso Ponqué Gala y finalizamos la visita en la producción de Tostacos y Maizitos. Realmente, me impresionó el orden, la eficiencia de cada proceso, la optimización de recursos y la calidad con la que se veía cada uno de los productos. Pero, además de esto, hubo otro tema que me interesó, y este era el calor humano y la cultura organizacional que se presenciaba en toda la fábrica.

Ramo ha trabajado por muchos años en mantener un lazo muy fuerte con todos sus empleados, es por esto que ha desarrollado programas como “La escuela Ramo” en donde los hijos de los empleados pueden ir a la fábrica y ver lo que sus padres hacen y aprender sobre temas relacionados con los procesos. Es importante recalcar que para que los hijos de los empleados asistan a este tipo de actividades, su desempeño escolar tiene que ser bueno y el de sus padres en la fábrica también.

Finalizamos la visita nuevamente en la sala de juntas donde nos reunimos al llegar, el cierre fue bastante interesante pues todos dimos nuestros puntos de vista de lo que fue la experiencia de visitar la fábrica de Ramo. A continuación, recalco algunas de las conclusiones que surgieron:

La visita es una mezcla de sensaciones internas y externas; la delicia de los productos de la empresa hace que en cada punto el visitante quiera comerse lo que ve, esto se refuerza con las sensaciones internas que se transforman en un sentido de amor hacia la identidad de la marca. Por otro lado, la visita tiene tantos intangibles que sería genial poderlos potencializar, por ejemplo, ¿qué pasaría si Ramo tuviera una Cabaña Ramo abierta al público? – en donde se pudieran mostrar muchos de los procesos que se ven en la fábrica, y donde se presenciara el olor a horneado que tanto nos gustó a todos los visitantes. Esta idea surge por el hecho de que Ramo ya tiene muchos aspectos tangibles dominados, pero ¿dónde tienen dominada la emoción más allá de los productos?

Hoy día, las empresas luchan por hacerse notar, por ir al ritmo de la innovación, de la tecnología y por ser líderes de mercado. A la vez, muchas buscan cumplir con estándares de producción sumamente altos, por ser los más productivos y eficientes y los mejores del mercado. Pero muchas no se dan cuenta de la magia interna que existe en sus procesos de producción, muchas creen que la respuesta para innovar está afuera y no se dan cuenta que tienen un diamante en bruto en sus procesos internos que podrían convertirse en oportunidades de negocio.

Imágenes de la experiencia:

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Claudio Peña y Freddy Zapata profesores del Curso Alimentos y Oportunidades de Emprendimiento de la Universidad de los Andes, junto con Daniela Botero y Nathalia Méndez, estudiantes.

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Imagen de: Freddy Zapata

Estudiantes del Curso Alimentos y Oportunidades de Emprendimiento de la Universidad de los Andes

 

Escrito por Daniela Botero

Fuentes

Ramo. (s.f.). Recuperado el 1 de 11 de 2016, de http://www.ramo.com.co/historia.html”

Blandón, D. (s.f.). Dinero. Obtenido de Un día en la fábrica de productos Ramo: http://www.dinero.com/empresas/galeria/un-dia-fabrica-productos-ramo/164067#

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