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El primer ciclo de Ginna’s Orchard está llegando a su final

10 de Noviembre de 2016:

Hace 5 meses comenzó la aventura de sembrar unos semilleros para tener mi propia huerta, desde entonces he estado escribiendo el diario para que ustedes, mis lectores, conozcan de esta experiencia.

Ha pasado el tiempo muy rápido y el primer ciclo de la huerta ya se está terminando, ya experimentamos la siembra de los semilleros, la germinación de las hortalizas, el transplante al suelo de las plántulas, la espera a que estas crecieran y, por último, hemos tenido 20 días en los que hemos podido cosechar desde rugula y espinaca hasta pepinos y cilantro.

En esta experiencia aprendí mucho más de lo que pude aprender en una clase normal de mi pregrado de economía o de administración, ya que esta huerta me obligó a interactuar con la madre tierra, a ensuciarme las manos de tierra, tocar estiércol y ver la magia de la naturaleza, ya que todavía no comprendo cómo de una semilla que difícilmente podía coger con las yemas de mis dedos por lo pequeña, salen tantas hojas con sabores y colores diferentes.

Aprendí cosas que jamás hubiera aprendido en mi vida como por ejemplo, que hay 6 tipos de zanahorias en el mundo, que las lechugas escarolas requieren un proceso especial de blanqueamiento para poderse consumir, que dependiendo del color de la hortaliza estas les roban diferentes nutrientes al suelo, que para que germinen más del 90% de las semillas se deben sembrar inicialmente en semilleros aunque no sean plantas que lo requieran, que el humus se debe comenzar a preparar 3 meses antes de sembrar la huerta para poder usarlo en el suelo, que hay cajas de huevo biodegradables, que el pepino crece en una planta trepadora, que la semilla del arbusto de guayaba puede tardar hasta 4 meses en germinar, entre muchas otras cosas más.

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Sí, es verdad, la semillas del arbusto de guayaba puede tardar hasta 4 meses en germinar. Como les conté en uno de mis primeros diarios, pensé que la guayaba había sido una de esas semillas con las cuales fracasé en el intento de sembrarlas, pero me equivoqué, no fracasé, solo que tardó tanto en germinar que ya daba por muerta esas semillas.  

Como pueden ver en las siguientes fotos, mientras tengo una huerta con hortalizas grandes, en mi semillero apenas se comienzan a ver las primeras dos hojas de uno de los arbusto de guayaba:

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En todos los diarios anteriores les hablé acerca de cómo hacer la huerta, les di unos lineamientos y consejos para quien quiera hacer una huerta, y fácilmente podría asegurar  que quien se lea mis 11 diarios tiene todos los recursos y conocimientos necesarios para cosechar ciertos tipos de hortalizas de manera exitosa. Sin embargo, yo como economista ¿Por qué aprendí acerca de las huertas? ¿Qué efecto podrán tener mis conocimientos con la tierra en mi trabajo futuro? ¿Podría yo generar algún cambio en la sociedad teniendo ese conocimiento?

La respuesta a estas preguntas las he contestado en mi cabeza una y otra vez mientras he estado trabajando en mi huerta y hoy les responderé estas preguntas. Aprendí acerca de la huerta porque inicialmente era una forma de salir de mi rutina teniendo un hobby sano que ocupará mi tiempo libre en algo productivo, pero después me comencé a dar cuenta de la importancia de una alimentación balanceada, de los beneficios de cosechar mis propias hortalizas sin estar expuestas a insecticidas y demás químicos de la industria alimentaria, y en el último mes he estado reflexionando acerca de las ventajas de tener conocimientos de la huerta.

En primera instancia, tengo una creencia general de las cosas, y es que todos los humanos cuando compramos ya sea un producto o un servicio, no estamos comprando este producto o servicio, estamos comprando el conocimiento que hay detrás de este. Un ejemplo claro es cuando compramos un dolex, nosotros no estamos pagando por el dolex como pastilla, el dolex no lo comprariamos si detrás de la pasta no hubiera el conocimiento y la investigación que alguien hizo para mezclar unas enzimas y generar un producto pequeño que quite el dolor de cabeza. Es por esto que actualmente considero que el conocimiento que adquirí con la huerta en algún momento me puede servir para crear mi propio emprendimiento generando valor a mis clientes por ofrecer un producto completamente sano y libre de químicos y/o modificaciones genéticas.

Sin embargo, si quiero pensar en algo más profundo y no solo pensar en cómo yo me puedo beneficiar de este conocimiento adquirido, tengo una reflexión muy valiosa que me gustaría compartir con ustedes: No entiendo cómo Colombia siendo un país agrícola rico en recursos hídricos, con las mejores condiciones medio ambientales para cultivos, no aprovecha todo el porcentaje de tierras cultivables que tenemos, y más grave aún, no todos los campesinos de los que los todavía quedan en el campo en Colombia saben cultivar la tierra. Colombia podría ser un país exportador de millones de frutas y verduras y líder en la plantación de flores y frutas exóticas. ¿Pero por qué no lo somos?

Considero que unos de nuestros mayores problemas es la falta de pertenencia de nuestros campesinos. Ellos no tienen la culpa de no haber sido educados, la culpa se la podemos echar al gobierno y a la violencia por la cual constantemente nos hemos visto afectados, pero sí le podemos echar la culpa a los campesinos por no haber mantenido inmortales en el tiempo la forma de cultivo y los conocimientos con los cuales crecieron viendo a sus papás y abuelos.

Lauchlin Currie un economista canadiense nacionalizado colombiano, profesor de la Universidad de Los Andes, muy importante por sus aportes en el desarrollo social de Colombia y reconocido por proponer las “4 estrategias” que consisten en una concentración y alineación de los sectores de construcción, exportación, agrícola y redistribución del ingreso. Currie explicó en uno de sus documentos que para que haya en el mundo un sistema económico de producción es necesario un mínimo de ley y orden. Este sistema detalla que “un individuo siembra, pesca o caza porque espera disponer del producto, bien sea para consumo o para venderlo y comprar otros productos. Una situación general de apropiación por la fuerza, de saqueo y pillaje, reduce el incentivo para sembrar, pescar, cazar, construir, innovar o emprender cualquier otra actividad productiva, porque se corre el peligro de no beneficiarse del producto” (Montenegro, 2012). Y es por esto que Currie concluye que la justicia sería entonces el servicio público más importante para el funcionamiento del sistema económico.

Después de haber leído parte de una de las investigaciones de Currie y en especial haber leído dos veces el párrafo que cité, considero que este señor tuvo muy claros los problemas de Colombia y el campo. Si lo pienso con cabeza fría,  los campesinos han dejado de cultivar por el deseo de conseguir más dinero, y ahora que atravesamos por un periodo en el que nos dimos cuenta que uno de los dilemas más grandes de Colombia era cómo volver los cultivos ilícitos a lícitos, puedo darle completamente la razón a Currie de haber sabido que estaba pasando mucho antes de haberse empeorado las cosas, ya que vale la pena aclarar que este doctor murió en 1993, y muchas de sus investigaciones datan desde la década de los 70s, un periodo en el cual todavía hubiéramos podido echar para atrás muchos de los acontecimientos trágicos de nuestra historia.

Pero entonces  ¿podría generar algún cambio en la sociedad con el conocimiento adquirido en la huerta? sí, claro que sí podría. Me gustaría ver en algún momento que los campesinos que todavía existen cultivan la tierra de manera efectiva, que ganan dinero y son felices haciendo lo que les gusta. Me gustaria ver que toda la teoría de las organizaciones, de mercadeo, operaciones y logística, estrategia y hasta finanzas no solo está aplicada a cómo crear una empresa de redes sociales y servicios banales, si no que los colombianos nos sentemos a pensar cómo podemos aumentar nuestras exportaciones de frutas y verduras, o materias primas en general, y ayudar a los campesinos a tener mayores oportunidades en educación y salud manteniendo sus trabajos en la tierra, pero que estos trabajos en realidad les generen retornos a ellos y puedan vivir no sobrevivir, y disfrutar sus vidas no subsistir.

Escrito por Ginna Gómez

Bibliografía:

Montenegro, A. (2016). Lauchlin Currie: desarrollo y crecimiento económico. Tomado de: http://www.uexternado.edu.co/facecono/ecoinstitucional/workingpapers/amontenegro27.pdf el día 5 de Noviembre de 2016.

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