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Reflexiones sobre un viaje a la esperanza

¿Se han preguntado ustedes alguna vez si el momento en el que viven es importante? ¿Se han preguntado si la época en la que viven va a pasar a la historia? ¿Será que pasaremos al olvido? ¿Será que nuestras acciones individuales y/o colectivas quedarán en la historia? Yo me he hecho esas preguntas en varias ocasiones y es algo que personalmente me acongoja. Tantas cosas han ocurrido en la historia de la humanidad que uno se pregunta si de verdad está a la altura de tantas personas que justamente han hecho parte de nuestra historia. Hemos presenciado grandes acontecimientos que quizás nos hacen pensar que no los podemos igualar o si quiera alcanzar. Las grandes proezas de Alejandro Magno, la construcción del vasto imperio mongol de Gengis Khan, la revolución francesa, la construcción de civilizaciones como Maya, Azteca o Egipcia, el auge del gran imperio Romano, las grandes luchas por los derechos de las minorías; en fin, un sin número de acontecimientos que marcaron la historia y no desaparecen a pesar del trasegar de los años.

Evidentemente no son muchos los momentos de la historia en los cuales se dan las condiciones para dejar nuestra página en los anuarios, y justamente las personas que han estado en estos momentos han sido de cierto modo privilegiados, pero también audaces al aprovechar dichas oportunidades. Pues bien, creo que en este momento ser colombiano, ser joven, vivir lo que estamos viviendo, componen los elementos y más que todo las oportunidades para pasar a la historia. Definitivamente la paz es la excusa para de verdad empezar a construir nuestro país, para hacer que nuestra generación quede plasmada en la historia.

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Como lo mencioné anteriormente, nos encontramos en un momento histórico en nuestro país, donde debemos ser actores de nuestro propio futuro. Una vez más, el llamado es a reconocernos como miembros de un mismo país. Colombia es nuestra nación, nuestra patria. No desde el punto de vista del nacionalismo extremo, sino desde el punto de vista de entendernos como parte de un mismo territorio, de una misma tierra, de una misma sociedad.

En este momento quiero compartir la experiencia que pude tener en el municipio de Anorí, en el departamento de Antioquia. A pesar de ser uno de los municipios más afectados por el conflicto, mantiene latente el optimismo, las ganas de hablar, de construir región, de construir país. Anorí tiene varias particularidades, es un municipio permeado por la violencia (presencia del ELN, FARC-EP y grupos de autodefensas) con la cual ha tenido que convivir durante décadas, ha tenido actividades que de una u otra manera promueven la violencia, como lo son la minería y la coca.

Sin embargo, más allá de los problemas, este municipio -y en general toda región nordeste antioqueña- ha logrado sobrellevar estas dificultades gracias a su amplia vocación agropecuaria en sus diferentes dimensiones. Pude observar la presencia de asociaciones productoras de queseros, ganaderos, paneleros, cafeteros, cacaoteros, de campesinos. Es decir, existe una gran diversidad en la tierra, propia de nuestro país. Esta gran cantidad de asociaciones presentes representan el vivo ejemplo de una voluntad de progreso en conjunto para la región. Nos podríamos quedar discutiendo sobre los problemas propios en cuanto a la producción agropecuaria, que son latentes no sólo en esta región sino en gran parte del nuestro territorio; falta de vías de comunicación, poca o nula asistencia técnica, falta de educación diferenciada y territorial, pocas herramientas para la comercialización adecuada de los productos, y un sinfín de problemas.

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Sin embargo, lo resaltable es que estos campesinos, productores, la gente de la verdadera Colombia rural, la gente que vive o ha vivido la guerra, dan muestras de expectativas para un nuevo futuro. Nosotros citadinos, hemos dejado de percibir de cierto modo la guerra. Ellos, sí, ellos los de la Colombia rural, ellos que todavía viven la guerra, que viven la ausencia del Estado, ellos que no tienen vías, asistencia técnica, educación, salud, sí, ellos nos dan muestras de optimismo, de lucha, de esperanza. No podemos defraudar esta esperanza.

En cada rincón siempre hay alguien poniendo su grano de arena, una persona interesada, pero más que todo, comprometida en actuar. En Anorí encontré esto. No solamente por parte de los habitantes de la región, sino de las estudiantes del programa de Manos a la Paz, iniciativa que busca “fortalecer las capacidades de construcción de paz en los territorios vinculando estudiantes comprometidos con el desarrollo del país” (UNDP, 2016)Tengo que decirles a ellas: gracias. Sí, gracias por dar ejemplo, por mostrar compromiso, por mostrar optimismo, por dar ejemplo de una juventud comprometida que aprovecha esa energía para permearse de realidad y para actuar.

Nosotros, esa juventud citadina, que hemos sido privilegiados de cierto modo con adecuada educación, salud, mejor dicho, con oportunidades, tenemos entonces la tarea de retribuir y construir. Y pues sí, quien más si no nosotros los jóvenes. Nosotros los jóvenes eufóricos y alegres, nosotros la generación de la innovación, de la tecnología, nosotros somos los motores del cambio. Como bien lo menciona Jaime Rodríguez Azuero en un artículo suyo, “los jóvenes son a la vez objeto y sujeto de transformación” (Rodríguez, 2017).

A manera de conclusión quiero resaltar lo siguiente: las guerras han sido luchadas siempre por jóvenes, y, de cierto modo, ese fue el fulgor de la juventud. A nosotros nos tocó la guerra del cambio, nos tocó la lucha por la justicia, por la equidad, en fin, nos tocó la lucha por la paz y por un nuevo país.

Escrito por David Katz

Bibliografía

J. (13 de 03 de 2017). ¿Cuál es el rol de los jóvenes en el momento histórico que vivimos? Obtenido de http://www.las2orillas.co/rol-los-jovenes-momento-historico-vivimos/

UNDP. (2016). Manos a la Paz. Obtenido de https://www.manosalapaz.com/

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