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Mi vocación agrícola

Desde hace un tiempo, se ha venido observando un fenómeno a nivel mundial en el cual las personas jóvenes no quieren trabajar en agricultura [1]. Se ha encontrado que a estos jóvenes les aborrecen los trabajos en agricultura pues existen ciertas condiciones como los lugares de trabajo, que son lejos y apartados, la industria que no es dinámica, entre otros que hace que estos trabajos no sean atractivos. Por el contrario, los trabajos en consultoría, bancos o en emprendimientos tienen elementos que les llaman más la atención como sectores dinámicos, vida en las ciudades, mejores salarios entre otros que llevan a que prefieran este tipo de trabajos. En el caso mío, mi perspectiva siempre ha sido opuesta a estas tendencias. Desde pequeño he sentido una pasión enorme por la agricultura y todos los mundos que esto incluye que me han llevado a la determinación de dedicarme a esta vocación.

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En el caso de mi familia, siempre hemos estado conectados a la agricultura por el lado de mi mamá. Mi abuelo siempre fue un hombre apasionado por este sector. El, logró desarrollar tres negocios. El primero, fue a principios de la década de los ochentas cuando compró una finca en la sabana de Bogotá para cultivar rosas, claveles y mini claveles. El siguiente negocio fue desarrollar una finca lechera también en la sabana de Bogotá y finalmente una finca en el norte del Tolima donde cultivó diversos cítricos y aguacate Lorena. Gracias a que el abuelo tenía varias fincas, todos los fines de semana desde que era pequeño hasta el último año de bachillerato, visitaba las fincas para trabajar. Desde ese momento, se fue cultivando dentro de mí la pasión por el agro y la idea de que, de una forma u otra, siempre habría algún aspecto de mi vida que estaría ligado al campo.

Cuando llegó el momento de entrar a la universidad, no estudié ingeniería agronómica, sino que me decidí por estudiar administración en la universidad de Los Andes, pues pensaba que, a pesar de que tenía un amor muy grande por la agricultura, tenía la noción de que el trabajo y la empresa agrícola eran de muy bajos rendimientos financieros, desagradecidos y de alta incertidumbre pues al fin y al cabo, toda la inversión y el capital en los proyectos agrícolas estaría bajo la disposición del sol y el agua y eso hacía todo muy difícil. Pero hoy, gracias a que estudié administración, me di cuenta de lo que realmente quería ser en la vida y lo que no quería ser. Me di cuenta que el trabajo de oficina jamás iba a ser para mí y que nunca podría vivir dentro de la ciudad, que lo que yo quería ser, era agricultor.

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Gracias a esta disposición, siempre estaba atento a leer artículos de agricultura, sobre cultivos y así me fui dando cuenta que había personas en este mundo que habían sido tremendamente exitosos en este sector. En ese momento, conocí a personas exitosas en el campo de la agricultura como el caso de Juan Carlos Hannaford, que es el dueño de la empresa más grande de cultivos de flores para exportación.  Empezó con una hectárea hace más de treinta años y al día de hoy tiene más de seiscientas para cultivar flores. Por otro lado, conocí a Juan Carlos Gómez, un empresario agrícola que ensayó cultivando mangostino y rambután para exportar con un éxito tremendo. Con estos ejemplos en mente, decidí emprender en agricultura pues entendí que uno no debería trabajar por su sueño, sino en sueño como tal. Por lo cual, hoy en día, en sociedad con Juan Carlos Gómez establecimos unos cultivos de rambután y mangostino para vender en los mercados internacionales. En las columnas que vienen, estaré hablando de mi experiencia cultivando y los retos a los que me he enfrentado, para que el EEElector tenga una mejor imagen de como es este sector agrícola realmente.

Escrito por Pablo Martínez.

[1] http://www.humanosphere.org/basics/2014/04/surprise-surprise-young-people-dont-want-stay-farms/

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