Foto del terreno ubicado en Flandes, Tolima.

Una apuesta por el largo plazo

Como lo titulé en mi articulo anterior, tomé la iniciativa junto a mi papá de emprender en el agro contra todo pronóstico. Nos resultó impensable el hecho de tener un terreno de 16 hectáreas, completamente plano, con tierra fértil y facilidades de acceso por vías principales, sin que este generase algún beneficio económico más allá de una propuesta de compra, futura e incierta para el desarrollo de un proyecto de condominios del cual todos están expectantes en el municipio de Flandes, Tolima. Ahora bien, el motivo de mi segundo artículo es contarles como se llegó a la decisión de escoger como cultivos el roble flor morado y la guayaba roja de la variedad ICA 1, los argumentos a favor y en contra, por si algún día el lector se ve en la encrucijada de tener un terreno sin ningún uso agrícola y no saber por donde comenzar. Finalmente, mi deseo con esto es animarlos a emprender en el agro y promover el uso adecuado y eficiente del suelo, de acuerdo con su vocación agroecológica.

La idea de un cultivo de madera, aunque no se le discute lo atractivo de sus márgenes de retorno y lo llamativo del mercado de la madera a nivel local e internacional, tiene una condición que es inamovible: el tiempo.  Un cultivo de madera tarda aproximadamente 20 años para que el árbol pueda llegar a su etapa de madurez. Es decir, quien comience con un proyecto de este tipo debe saber que su terreno se encontrará limitado por 20 años y que durante ese tiempo no percibirá beneficio económico alguno o por lo menos una suma importante[1]. Por el contrario, el primer año, el cultivo necesitará de la mayor cantidad de inversión y gastos. La adecuación del terreno, el sistema de riego, la compra de los arboles o la creación de un vivero implica un importante desembolso de efectivo o en su defecto la búsqueda de financiación con una entidad bancaria que permita acceso a créditos blandos de largo plazo.

Foto de un Roble flor morado de 30cm en el vivero ubicado en el municipio de Villarica, Tolima, vereda los alpes.

Foto de un Roble flor morado de 30cm en el vivero ubicado en el municipio de Villarica, Tolima, vereda los alpes.

Esto era posible debido a que sus hojas de gran tamaño absorben más CO2 que cualquier otra variedad. Sin embargo, su madera no es fina, su comercio todavía es una incógnita y el riesgo e incertidumbre de que resultase un cultivo de moda determinó que no fuera una opción. El roble flor morado fue el escogido por su adecuación a las condiciones geográficas de la zona, su reconocimiento como madera fina, su fácil comercialización y buen precio.

Sin embargo, el cultivo de madera resuelve una de las problemáticas más grandes que enfrenta un agricultor con cualquier otro producto: los canales de comercialización y la incertidumbre del precio. Hoy en día, la madera fina es un bien muy preciado en el mercado local e internacional para la realización de mobiliario y pisos que tienen un alto costo. Adicionalmente la lucha del gobierno colombiano se ha incrementado por frenar la deforestación y comercialización de madera ilegal proveniente de los bosques de regiones aisladas del país[2]. Estas circunstancias conllevan a establecer un panorama favorable para aquellos que realicen proyectos maderables que contribuyan a la transformación de esta actividad en una 100% legal con el menor impacto ambiental posible. De esta forma, el principio económico de poca oferta y buena demanda generan que el precio de un árbol de madera fina siempre tenga un precio alto, en constante aumento y la compra de la totalidad de sus unidades. Incluso, hay casos en los que compran el cultivo en pie[3] aun cuando le faltase varios años para su madurez y tala.

La cuestión era escoger el tipo de maderable correcto. La multiplicidad de opciones no hacía fácil la decisión y cada proyecto que visitamos exaltaban las bondades de cada árbol y poco comentaban sus desventajas. Se visitaron cultivos de teca, cultivos de roble e incluso se tomó en consideración una nueva especie proveniente del continente asiático denominada paulownia. Esta última presentaba la característica de un crecimiento increíblemente rápido casi en la mitad del tiempo de cualquier otro árbol.

Para comprobar toda esta historia, nos dirigimos una tarde de fin de semana al occidente de Bogotá, cerca al aeropuerto El Dorado, donde se ubican varios fabricantes de muebles. Nos acercamos al primer fabricante que vimos y le indagamos el precio por el cual estaban comprando madera de roble flor morado. El señor enseguida nos preguntó sobre cuantas tractomulas teníamos disponibles y que de manera inmediata pagaba en efectivo entre 1´800.000 y 2´000.000 por cada árbol. De manera si se estima que alrededor de 1.100 árboles pueden ser sembrados por hectárea, a precio de hoy una hectárea de árboles de roble flor morado valdría 2.200 millones de pesos.

Todo parece un proyecto redondo, pero debo comentarles que no está exento de peros. Además de los gastos iniciales señalados, el cultivo requiere de un trabajador[4] con dedicación de tiempo completo y de forma exclusiva para su cuidado y mantenimiento. Si bien es cierto, el riego solo se presenta de forma permanente durante el primer año de crecimiento, estos arboles requieren de poda de forma periódica para que resulten un tronco recto y sin ramificaciones, por lo que debe estar presente un empleado cuyo salario anual es de $15.295.512. La siguiente tabla ilustra la composición del sueldo de un trabajador con salario mínimo:

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De tal forma que se determinó que era necesario buscar alguna otra fuente de ingreso durante el corto y mediano plazo que hiciera sostenible el proyecto. De modo que se llegó a la conclusión que se podría realizar de manera paralela un cultivo de frutales que permitiese solventar los gastos del empleado, mantenimiento y cuidado de un proyecto del que tanto mi papá como yo no podemos dedicarnos de manera exclusiva.

La guayaba roja conocida como ICA 1 fue finalmente la escogida para acompañar al cultivo de madera. Su duración como árbol productivo puede incluso superar el tiempo de madurez de un roble flor morado, encontrando casos de arboles de guayaba con mas de 20 años que siguen produciendo. Si bien su precio no es alto en comparación con otros frutos, si tiende a tener una estabilidad en sus precios y un comercio muy positivo.

A continuación, se observa una tabla con los resultados obtenidos de un cultivo de guayaba en el municipio de Guamo, Tolima (A 30 min de Flandes) que se encuentra con 24 meses de sembrado[5]:

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La anterior información sugiere que una vez los árboles de guayaba se encuentren de 3 años, las ganancias brutas son de $50´000.000 de pesos por hectárea. Como se evidenció en la tabla del costo de un trabajador para dos hectáreas, tenemos un costo fijo de $15´000.000 de pesos. Adicionalmente debemos agregar costos de riego, abono y agroquímicos los cuales se estiman en $10´000.000 de pesos. Es decir, el ejercicio por año nos deja un saldo favorable de 65´000.000 de pesos cada dos hectáreas.

Es importante resaltar, que la variedad ICA 1 es la guayaba adaptada específicamente para las condiciones climáticas y de suelo de la región que muestra niveles de producción y resistencia superiores a otro tipo de variedades. Este proceso de selección es llevado a cabo por un vivero especializado ubicado en el municipio de la Unión-valle en la que realiza un semillero con la variedad de guayaba común. Una vez esta tenga alrededor de 20 cm se realiza un corte a una de las ramas de esta guayaba común y sobre este se aplica la yema de la variedad ICA 1 la cual ha sido el resultado de largos procesos de mejoramiento y selección genética. Este proceso de semillero y realización de injertos tarda alrededor de 6 meses.

Se esperan cultivar en un comienzo 3 hectáreas de esta guayaba de manera conjunta con 4 hectáreas de roble flor morado. En esta última tabla encontrarán el precio por árbol de madera y de guayaba en los viveros seleccionados:

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La selección de los cultivos fue apenas en el primer paso. En mi próximo articulo hablaré sobre la realización de un pozo profundo para la garantía permanente del recurso hídrico y la instalación del sistema de riego por goteo que ilustren de mejor forma la inversión inicial que requiere un proyecto como este.

Por: Luis Felipe Arias

[1] Es posible acceder a los denominados bonos de carbono. Mediante esta figura a cambio de una compensación monetaria puede cederse la producción de oxigeno que un cultivo de madera produce a una empresa que quiera reducir su impacto ambiental de CO2 y pueda ser sancionada por sobrepasar los limites permitidos.

[2] La deforestación ilegal en Colombia actualmente es una de las mayores problemáticas medioambientales. Las autoridades del país refuerzan cada vez más la vigilancia sobre áreas de bosques y endurecen los controles sobre la comercialización de madera.

[3] Un cultivo de madera en pie es el nombre que se le da al cultivo cuando los árboles aún siguen plantados al suelo. Es decir, siguen enterrados en el suelo. Dada su buena comercialización y demanda es posible vender su cultivo antes de que los árboles lleguen a su etapa de madurez, muy útil en los casos que el dueño del cultivo necesitara liquidez.

[4] Un trabajador puede tener a su cuidado y manejo 2.5 hectáreas.

[5] Los cálculos se realizaron con un precio promedio de la guayaba de $800 pesos el kg. Durante los 3 cortes que este cultivo ha tenido, el precio mínimo de venta por kg fue de $500 pesos y el precio máximo de $1200 pesos. Adicionalmente, por hectárea son sembrados 800 árboles de guayaba.

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