Imagen 1

“Trabajando como loco”

“Soy Luis Eduardo Pavas, un vallecaucano luchador dedicado a la tierra hace más de veinte años. Actualmente vivo cerca de Fusagasugá, porque estaba buscando nuevos horizontes.”

Nací en el Valle del Cauca, en el eje cafetero colombiano, específicamente en Caicedonia. He vivido en Tuluá y también en Cali. Pero ahora vivo en Usatama porque quería explorar como es el trabajo en otra región del país.

Fusagasugá y su vereda Usatama, se encuentran en el departamento de Cundinamarca, en el centro del país. Aquí vivo con mi esposa, tres de mis cuatro hijos, que están entre los 20 y 26 años, y tres de mis nietos.

Mi familia es campesina, toda la vida hemos trabajado en el campo y mis siete hermanos también se dedican al trabajo de la tierra. Yo estudié hasta los veinte años y solo pude cursar hasta quinto de bachillerato por cuestiones económicas. Pero mucho antes de eso ya me dedicaba a la tierra, he trabajado en trapiches de caña de azúcar, en café, plátano, he administrado fincas y ahora me dedico a los cultivos. Tengo un amplio conocimiento de diferentes productos  como el tomate, la berenjena, el pimentón, el pepino, entre otros.

Actualmente, me dedico al cultivo de pepino y pimentón en un área de dos cuadras y media a la redonda, que equivale a dieciséis mil metros cuadrados aproximadamente. En donde entre diez hombres recogemos la cosecha dos veces por semana. La cosecha son aproximadamente 37 canastillas de veinte kilos y 60 bultos de 48 kilos. Por lo tanto, son 3620 kilos de pepino.

Todos los días nos levantamos a las cinco y media de la mañana para empezar a trabajar a las seis. Como acá no se desayuna tan temprano, a las ocho estamos desayunando. Luego, de 8:30 am a 12:00 pm seguimos trabajando antes de ir a almorzar. Almorzamos a medio día lo que la esposa de uno de mis hijos nos cocine. A la 1 pm ya estamos laborando otra vez, hasta las 4:30 pm. A esa hora salimos a descansar para recargar energía para el otro día. Excepto los días que viene el camión, porque por la noche nos toca cargar el cultivo para que lo lleven a Bogotá, a Corabastos.

Imagen 3

Voy a explicar bien como funciona… la vida de la planta del pepino es muy corta, desde que se siembra hasta su última cosecha pasan alrededor de tres meses, si el cultivo está bien tenido. El primer mes no hay cosecha debido a que la planta está creciendo. En esa etapa hay diferentes pasos. Primero, debemos preparar el terreno para poder trasplantar las plántulas con cincuenta centímetros de distancia entre ellas.

Cuando la planta ya está más grande, construimos un surco con hilos para que la planta crezca y se vaya enredando porque no se enreda sola. Luego, toca esperar un mes para que se dé la primera cosecha. Pero en medio de ese proceso, debemos limpiar, platear, es decir, quitar la maleza y fumigar dos veces por semana para cuidar el cultivo.

Desde que se da la primera cosecha, toca recoger el pepino dos veces por semana durante dos meses. Los días de cosecha trabajamos diez hombres, pero los que no, somos seis. Los días que no hay cosecha, nos dedicamos a diferentes tareas dependiendo el estado del cultivo. Es decir sembrar, trasplantar, limpiar, platear, podar, fumigar y cuidar el sembrado.

En los días de cosecha, yo soy el que se dedica a seleccionar y empacar el producto, debido a que los pepinos más alargados, se dejan aparte porque su precio es mejor. Los pequeños están en otros bultos y una gran cantidad no se empaca; porque no tiene el tamaño o la forma adecuada y si lo envío a las plazas de mercado, allá finalmente los desecharían. Por lo tanto, cuando los precios son bajos, todo lo que no se saca a la venta por cuestiones de tamaño, más no de calidad, se deja para alimentar ganado.

Imagen 2

El precio del pepino es muy volátil, debido a que el precio del bulto puede oscilar entre COP 10.000 y COP 50.000. Por lo tanto, cuando hay escasez, el precio aumenta y casi todo lo que se cosecha se sube al camión. Pero cuando hay abundancia y el precio bajo, solo los pepinos de alta calidad se mandan para la plaza de mercado; debido a que el cliente se vuelve más exigente. Es decir, que la cantidad de pepino que se desecha, depende del precio al que esté en ese momento.

Historias y familias campesinas como la mía, hay muchas en Colombia. Debido a que somos un país agrícola y muchos hemos crecido en un ambiente campesino, trabajando la tierra. En donde a lo largo de la vida, nos ha tocado hacer diferentes cosas y vamos aprendiendo cada vez más. Yo, actualmente cubro todo el primer eslabón de la cadena alimenticia, ya que cultivo, cosecho, recojo, selecciono, empaco y lo entrego al camión que va para la plaza de mercado de Corabastos en Bogotá, donde es comercializado. Probablemente, cada uno de los productos que llega a la capital o cualquier otra plaza de mercado del país, tiene toda una historia de una familia campesina que ha dedicado su vida y esfuerzo a trabajar la tierra. Valoremos el trabajo de nuestros campesinos que día a día se esfuerzan porque podamos tener una gran variedad de productos en los centros urbanos.

Escrito por Laura Gutiérrez Avila.

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *