Imagen extraída de: El Espectador (2017).

El acceso a crédito para productores: una problemática que sigue sin resolverse

Por: Luis Felipe Arias, estudiante de Derecho y Administración de Empresas de la Universidad de los Andes.

Imagen extraída de: El Espectador (2017).

Imagen extraída de: El Espectador (2017).

La pandemia del Covid-19 ha significado un enorme esfuerzo y articulación entre productores, distribuidores y entidades del gobierno nacional para permitir el continuo suministro de alimentos a las despensas de los colombianos. Los campesinos han sido uno de los actores protagonistas en estas épocas y su labor se ha visto revindicada. Sin embargo, persisten problemáticas que dificultan el cumplimiento de sus actividades que tienen un efecto directo en el suministro de alimentos. Una de ellas es el acceso a crédito, el cual, para muchos pequeños productores, es el mecanismo por el cual pueden hacer andar sus cultivos y garantizar una cosecha.

Ante la declaratoria de Emergencia Económica, Social y Ecológica, el Gobierno Nacional a través del Ministerio de Agricultura, específicamente Finagro[1] estableció el programa denominado Colombia Agro Produce, una la Línea Especial de Crédito – LEC con tasa subsidiada, cuyo propósito es mitigar efectos adversos generados a la actividad productiva agropecuaria, promover el abastecimiento alimentario y proteger la estabilidad económica de los productores.

Sin embargo, no me corresponde en este artículo evaluar los resultados ni la eficacia de esta política pública. El propósito es traerles una serie de observaciones que explican el por qué aún sigue siendo tan difícil para el campesino o pequeño productor acceder a créditos y cuál es realmente el rol de Finagro en todo esto.

Para ello les contaré sobre un proyecto denominado “conversaciones rurales”, un trabajo fruto de la cooperación entre diversas instituciones, públicas y privadas, que se plantearon como propósito afrontar el reto de fomentar la inclusión financiera de los campesinos del país.

Finagro, el Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario, necesitaba facilitar el acceso al financiamiento a campesinos mediante alguna herramienta digital e innovadora. Fue entonces cuando el Centro de Innovación Pública Digital (CIPD) abrió una convocatoria pública para encontrar a alguien que resolviera tal necesidad.

Háptica fue la empresa ganadora de esta convocatoria. En resumidas cuentas, Háptica es una empresa consultora de diseño de servicios con énfasis en innovación. Para describirlo de manera muy simple, ellos se encargan de realizar un trazado de toda la experiencia de un servicio con el fin de realizar un diagnóstico de este para rediseñarlo o crear uno nuevo.

Para aterrizarlo al caso en concreto, Háptica debía estudiar toda la experiencia de un campesino, el trazado paso a paso que este realizaba para acceder a financiamiento de cualquier tipo. Todo lo anterior con la finalidad de encontrar en cada fallo de ese proceso una oportunidad que le facilitase la vida al campesino a la hora de buscar financiamiento.

El jefe del equipo de Háptica encargado del proyecto fue Juan David Contreras.[2] Tuvimos la oportunidad de reunirnos con él y con Carlos Celis, su mano derecha, el cual también fue uno de los colaboradores en el proyecto para abordar a fondo el trabajo realizado por ellos.

Háptica entendía la importancia de acercarse al campesino y que ellos les contaran a viva voz las experiencias propias para el acceso a financiamiento. Para ello realizaron visitas a diferentes municipios y zonas rurales del país, entre éstas el Líbano, Tolima, y Guatavita, Cundinamarca. Allí entrevistaron a campesinos individualmente, en asociaciones y en cooperativas. Al principio entablar conversaciones con ellos fue difícil, no existía confianza suficiente para que estos se abrieran con los entrevistadores. Muchos manifestaban que el Gobierno previamente les prometió ayudarles e incumplieron o que ya alguna vez los habían entrevistado, les habían comentado sobre un proyecto o iniciativa y estas personas nunca volvieron. Era un contexto adverso para Juan David y su equipo, pero aún así persistieron para ganarse nuevamente la confianza de estas personas.

Una vez culminaron esta fase de investigación por medio de las entrevistas tanto a campesinos como a directivos de Finagro y entidades financiera, comenzaron a interpretar toda esa información. Entendieron que una diversidad de personas conllevaba a una diversidad de proyectos. Lo anterior se traducía en necesidades de financiamiento completamente diferentes de un proyecto productivo a otro. Aún así para Finagro la principal diferenciación de los productores consistía en el número de hectáreas de su finca que lo clasifican en pequeño, mediano o gran agricultor.  Gracias a las entrevistas con campesinos de las diferentes regiones, el equipo de Háptica se dio cuenta que esta diferenciación era un gran error. Por ejemplo, existían “pequeños productores” con 1 o 2 Ha de cultivo de café que exportaban y eran altamente eficientes, lo que les permitía tener buenas condiciones de vida. Por otro lado, existían campesinos con 10 Ha o más que vivían en la pobreza. De modo que redefinir al pequeño productor era un trabajo necesario.

Cuando el equipo de Háptica estableció los pasos que realizaba un campesino para acceder a crédito comprendieron que para ellos este proceso se convertía en un completo viacrucis.

Por ejemplo, muchos campesinos viven en áreas alejadas del casco urbano, incluso podían tardar horas en llegar. Las entidades financieras solo atendían al público entre semana y en algunos casos restringían a un horario en particular la atención para financiación del sector agropecuario. Esta es una situación adversa para el campesino, puesto que realizar el viaje hasta el casco urbano implicaba un día que no trabajaba en su finca con el riesgo de no llegar a ser atendido o encontrarse con una serie de nuevos inconvenientes.

En las entrevistas los campesinos también manifestaron otras problemáticas. Por ejemplo, si contaban con la fortuna de la aprobación del crédito, los desembolsos eran demorados y estos generaban inconvenientes como la pérdida del cultivo o no alcanzar a sembrar en la época del año correcta.

Finalmente, toda la información los llevó a determinar 60 hallazgos en todas las etapas del proceso para acceder a financiamiento. Cada hallazgo resultó en una oportunidad de política pública para FINAGRO. Entre los que más llamaron mi atención fueron:

  1. El trato cara a cara: los campesinos consideraban fundamental ser atendidos por personas que los escucharan y comprendieran todo su proyecto productivo.
  2. ¿Qué es Finagro? este era un actor completamente desconocido para los campesinos.
  3. Barreras de información: no hay un mismo lenguaje. Campesinos hablan de fanegadas, bultos y cargas mientras la entidad financiera habla de Hectáreas, toneladas e indicadores financieros.
  4. En general hay malas experiencias previas con el sector financiero y con el gobierno lo que ocasiona una pérdida de credibilidad.
  5. Hay proyectos productivos a largo plazo y los bancos ofrecen créditos a corto plazo. No existe un portafolio de servicios de crédito adecuado a las necesidades reales del productor.

 En la reunión entre Háptica y Finagro concluyeron que lo mejor era enfocarse y profundizar en algunos hallazgos que resultaban más relevantes y armar una gran propuesta de valor donde Finagro sea el traductor de la información entre campesinos y entidades financieras.

En la siguiente imagen verán la propuesta planteada por Háptica donde se plantea un cambio en el rol y la relación de Finagro como institución facilitadora del financiamiento de los agricultores.

Imagen 2

La línea 1 constituye la forma como operaba Finagro, mientras que la línea 2 es la propuesta de valor del proyecto “Conversaciones Rurales” desarrollado por Háptica. Dicha propuesta consistía en el desarrollo de una herramienta que le permitiera a Finagro recolectar información de los campesinos de forma clara y presentársela a las entidades financieras de forma que el portafolio de servicios crediticios al agro fuera más realista.

Háptica presentó el prototipo y toda su investigación a Finagro quien poseía la última palabra. Sin embargo, todo esto se dio en un momento coyuntural de la política nacional. Ocurrió mientras se daba la contienda electoral de las presidenciales del año 2018. Al momento de tomar la decisión sobre aprobar el proyecto hubo cambio de gobierno del presidente Santos al del gobierno Duque. Colombia se ha caracterizado por la politización de las instituciones públicas y por tanto esto implica un remesón en las direcciones de las entidades más importantes del país.

Finagro no fue la excepción. Tuvo una nueva dirección que cambió las políticas públicas y enfoques de la entidad. Sin importar las cuestiones ideológicas de una administración a otra, en Colombia siempre ha sido evidente que a los políticos les cuesta reconocer la labor de una administración anterior. Todo esto culminó en el fin del proyecto “Conversaciones rurales” o institucionalmente conocido como “mariana”. Y sí, tristemente Colombia es un país cuyas instituciones no tienen una política congruente con el largo plazo y un marco claro de objetivos que trascienden a las diferentes administraciones de turno.

El final de esta historia nos deja una profunda reflexión sobre cómo se realiza la política pública en el país. Pero también nos deja un ejemplo de cómo el diseño, la innovación y la tecnología pueden ser implementadas por encima de la ideología para ayudarles a millones de familias que viven de sus cultivos y la producción de alimentos.

[1] Es una entidad que promueve el desarrollo del sector rural colombiano, con instrumentos de financiamiento y desarrollo rural. actúa como entidad de segundo piso, es decir, otorga recursos en condiciones de fomento a las entidades financieras, para que éstas a su vez otorguen créditos a proyectos productivos. Así mismo, para facilitar el acceso al financiamiento, FINAGRO administra instrumentos para el desarrollo de su proyecto agropecuario.

[2] Director de Estrategia en Háptica. Diseñador de la Universidad de los Andes y profesor en la misma Universidad, realizando una Maestría en Humanidades Digitales.

 

Referencias:

 

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