Fuente: “Siembra de Soja”. Tomado de: Efeagro, Weimer Carvalho.

Dinamismo en la demanda de proteína: de la proteína animal a la vegetal

Por: Diana Barbosa S., estudiante de Doble Pregrado en Literatura y Administración de Empresas.

Uno de los mayores retos que enfrenta la atracción de inversión en agricultura son las limitaciones que representa la infraestructura y las condiciones geográficas de Colombia. Así mismo, la baja competitividad, el bajo rendimiento de algunos cultivos por hectárea y la poca área disponible para siembra de granos afecta a ciertos sectores agropecuarios. Esto implica que el país se enfrente continuamente a los riesgos de no contar con una producción alimentaria autosuficiente.

Los temas en materia de seguridad alimentaria son cada vez más importantes, especialmente luego de enfrentar una situación sanitaria que entorpeció las cadenas de abastecimiento de las importaciones y encareció insumos para la alimentación de ganado, producción de lácteos y huevos. Esto, debido a que Colombia depende en casi un 90% en importaciones de soya, pues apenas produjo 62.000 toneladas para el cierre del 2018, mientras que países líderes como Estados Unidos y Brasil producen más de 100 millones (MinAgricultura, 2019). El rendimiento promedio nacional por hectárea fue de 2,2 t/ha en Colombia y el de Estados Unidos de 3,38 t/ha para finales del 2020 (USDA, 2021). En comparación con los rendimientos promedio de los productores que más se destacan en América Latina, el de Brasil fue 3.55, Argentina 2.77, Paraguay 3.14 y Bolivia 2.17 también para cierre del 2020 (USDA, 2021).

Sin embargo, esta información no es desalentadora, por el contrario, debe ser un motivo para evaluar los factores de éxito de países latinoamericanos como Brasil y Argentina. Es decir, Colombia tiene la oportunidad de aplicar tecnología más eficiente, recursos genéticos mejorados, adaptar modelos que ya han sido probados y tecnificar las áreas que cumplan con las exigencias geográficas para la siembra de soya.

La Altillanura colombiana tiene un gran potencial para adecuar la tierra y plantar este grano. Actualmente, es la despensa más grande de maíz y soya en Colombia, con un 79% de la producción nacional. En esta región se cultivan 22.000 hectáreas de soya y tiene el rendimiento más alto del país (2,75 t/ha).

Fuente: “Cultivo de soya se expande hacia la Altillanura colombiana”. Tomado de: La República.

Fuente: “Cultivo de soya se expande hacia la Altillanura colombiana”. Tomado de: La República.

Recientemente, el Gobierno comunicó sus planes de poner en pie el programa “Soya-Maíz Proyecto País”, el cual se une a la iniciativa “Agricultura por Contrato” que conecta a los pequeños y medianos productores con grandes compradores, para asegurar la comercialización de sus productos sin intermediarios. Además, el programa consiste en ayudas y beneficios financieros para los pequeños productores de maíz y soya. Pretende impulsar a todos los agentes de la cadena de valor y no solo a un eslabón. Es decir, incluye desde los productores de agroquímicos hasta los agricultores. Este programa le apunta a una gran escalabilidad a largo plazo, pues para el 2033 se planea haber sembrado entre 50 y 60 mil hectáreas anuales, y producir el 44% de la demanda de maíz y soya dentro del territorio nacional (MinAgricultura, 2021).

Si bien las garantías en comercialización de alimentos provenientes del campo y las ayudas económicas son un gran impulso para el agro colombiano, la inversión en tecnología y conocimiento también deben ser una prioridad. Se deben investigar variedades de soya más eficientes, adaptar nuevas formas de cultivo que incrementen el rendimiento, adecuar los sistemas de riego, control de organismos y pestes, fertilización y adecuación de los terrenos para siembra.

Con las nuevas tendencias alimentarias que surgen, los productores colombianos deben alentar una demanda más dinámica e introducir formas alternas de consumo de proteína. Así, la soya podría pasar a ser una fuente de proteína directa para el consumo humano. Lo cual es altamente beneficioso para la productividad del campo, ya que, por ejemplo, la producción de pollo requiere tres veces más tierra que el grano de soya, el cerdo nueve veces y la carne de res 32 (Monbiot, 2015).

Otro atractivo que ofrece la soya son sus usos de conservación, esto significa que estos cultivos son agentes eficientes para fijar nitrógeno, secuestrar carbono, se adaptan, son resistentes a la sequía y no exigen demasiados recursos hídricos. También, el cultivo de soya se puede realizar en rotación con maíz, arroz y trigo, que aprovechan el nitrógeno producido por la soya en los suelos.

Fuente: “Soya en Paraguay”. Tomado de: CELAG.

Fuente: “Soya en Paraguay”. Tomado de: CELAG.

Ahora bien, con el fin de suplir la demanda de soya para consumo animal, grandes áreas de tierra se convierten en cultivos de soya, lo que en ocasiones provoca deforestación, pérdida de biodiversidad y erosión del suelo. No obstante, la sostenibilidad de la soya depende de que sea consumida directamente por humanos. Esto lograría reducir en un 94% el exterminio de vegetación para suministrar la misma cantidad de proteína, según The Guardian (Monbiot, 2015).

Algunas opciones sostenibles para el cultivo de soya con fines ganaderos son cultivarla en pastos degradados. En estas áreas es posible expandir significativamente la siembra de soya sin convertir ecosistemas que no han sido alterados. Asimismo, se podría aumentar la productividad del ganado en áreas de pastoreo de baja intensidad para liberar tierra para el cultivo de soya (WWF, 2014). Esto tiene una alta viabilidad, teniendo en cuenta que en Colombia existen 14 millones de hectáreas degradadas.

Igualmente, los productores colombianos que se sumen a la siembra de soya se pueden acoger a proveedores de certificados de sostenibilidad. En este caso, la Round Table on Responsible Soy (RTRS) verifica la cadena de suministro y trazabilidad de la soya. Es beneficioso acogerse a esta certificación, pues la organización ofrece beneficios como mayor eficiencia en gestión de explotación agrícola, protección del suelo y mejor gestión del agua.

La adaptación y transferencia de conocimiento hacia el campo es uno de los primeros pasos para tecnificar e industrializar la producción de alimentos. Como se ha visto, el agro colombiano tiene una gran oportunidad de cultivar soya para auto abastecer la demanda interna del grano y de introducir en la demanda formas más sostenibles de consumo.

Referencias

 

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *