Figura 1. Vendedor ambulante ofreciendo almendras de marañón. Tomado de: https://laguajirahoy.com/riohacha/semilla-de-maranon-se-ha-vuelto-una-actividad-comercial-de-los-venezolanos-en-riohacha.html

Marañones: ¿La próxima joya de la corona en materia de exportaciones agropecuarias?

Por: Sebastian Zarate, estudiante de Administración de Empresas de la Universidad de Los Andes

Si usted alguna vez ha viajado por carretera en la costa atlántica, lo más probable es que se haya topado con algún vendedor que entre la cartera de productos que ofrece, vende almendras de marañón, ya tostadas y listas para su consumo, para que así usted pueda sucumbir antes las bondades que tiene “el fruto de la sabiduría”.

Dichas almendras, vienen de un árbol llamado Anacardium Occidentale, mejor conocido como marañón, “frutal nativo de América del sur” (García, 2011). Este árbol, es característico por que se da naturalmente en las regiones de la Amazonia y Orinoquia colombiana; sin embargo, sus almendras gozan de una especifica fama en la costa norte de nuestro país, y esto no es gratis.

Pues, “durante los gobiernos de Carlos Lleras Restrepo y Virgilio Barco, se quiso masificar los cultivos de este árbol, pero la apuesta no prospero” (Cesar Baquero, 2018). En ese entonces, los ministerios delegantes de esta actividad productiva importaron material genético de Brasil y la India, máximos exponentes en la producción del marañón a nivel mundial (Brasil con 700.000 hectáreas cultivadas hoy en día, y la India con 923.000) para sembrar en los departamentos del Cesar, y Córdoba, específicamente.

Figura 2. Árbol de Marañón Yopare en el bajo trópico. Foto: Agrosavia.

Figura 2. Árbol de Marañón Yopare en el bajo trópico. Foto: Agrosavia.

Al no haber un seguimiento y un plan de acción oportuno que optara por el desarrollo posterior de una sub-industria que incentivara el consumo y la innovación en materias de mejoramiento genético para incrementar la productividad de los árboles puestos a disposición, los cultivos quedaron a la intemperie, y las almendras que hoy nos venden en la calle, son el producto de estos árboles o de los cruces que se originaron a raíz de las nueces de estos.

No obstante, Agrosavia, la corporación colombiana de investigación agropecuaria, hace unos 5 años, dio por terminado una prueba piloto en el departamento de Puerto Carreño con unos clones de una variedad de marañón que diseñaron y perfeccionaron ellos. Estos tres clones van por el nombre de Corpoica Yopare Ao2, Corpoica Yucao Ao3, y el más importante y el de mayor renombre, el Corpoica Mapiria Ao1.

Este último, ofrece rendimientos por hectárea de 1.900 kg de nueces anuales a partir del año 8, que es cuando el cultivo se estabiliza en su punto máximo de producción. Cabe resaltar que el promedio nacional se situaba en 300 kg de nuez por hectárea antes de que saliera al mercado este clon, y que el promedio mundial, se sitúa en 600 kg/ha.

Si bien la primera acogida del Mapiria Ao1 se dio más que todo en el departamento del Vichada, donde  el área sembrada excede las 6.000 hectáreas a 2021, las unidades de investigación como Agrosavia y el ICA insisten en que la región con el mayor potencial para la producción de Marañón es el caribe seco, por sus condiciones climáticas y de suelo, por lo que este clon demanda “regiones con precipitaciones bajas, épocas secas bien definidas para recolectar la cosecha y suelos altos bien drenados, los cuales están presentes en los departamentos del Atlántico, Cesar, Bolívar, la media Guajira, las sabanas de Córdoba, y el Magdalena” (González, 2020).

La mayor ventaja competitiva de sembrar este clon en la región caribe es la proximidad a los puertos marítimos, debido a que la nuez cruda generada por estos árboles específicos cubre absolutamente todas las especificaciones que demandan los mercados de importación de los EE. UU, Holanda, y la India, los mayores consumidores de este producto a nivel mundial.

Adicionalmente, llevar un cultivo de Marañón a producción es costo – eficiente, puesto que no requiere de sistemas de riesgo sistematizados, las necesidades de fertilización son relativamente bajas en comparación con otros frutales, y es un árbol resiliente contra hongos y enfermedades (a excepción de la Antracnosis, por lo que se debe mantener el tronco limpio de malezas en temporadas de lluvia).

Y, además, es un cultivo en donde el valor agregado depende de hasta donde lo quiere llevar el productor, debido a que hay varias “presentaciones” de comercializar la nuez. La primera y más sencilla, es vender la nuez cruda, que se desprende de los frutos del árbol (la tonelada tiene un precio spot de  US $1.500 aproximadamente), la nuez procesada, que es de donde se extrae la almendra que nosotros consumimos (requiere de una inversión en maquinaria para pelar y abrir la nuez, y la tonelada tiene un precio spot de US $9.500 dólares, y la relación de nuez cruda a almendra es de 3 a 1), y de almendra tostada, que es la almendra deshidratada por medio de hornos ( y la tonelada de esta presentación se estima en unos US $17.000).

Figura 3. Planta procesadora de nueces crudas de Maranon. Tomado de: GI Agro Tech

Figura 3. Planta procesadora de nueces crudas de Maranon. Tomado de: GI Agro Tech

Ahora bien, al día de hoy, existen unas limitaciones que deben de esclarecerse lo más pronto posible para así en un par de décadas conquistar ese jugoso mercado de US $8.000 millones de dólares al año, y son las siguientes: se necesita que el ICA amplié el registro de comercialización de Mapiria Ao1 para que Agrosavia pueda despachar las yemas directamente de su centro de investigación ubicado en el Cesar y no desde Puerto Carreño, y también garantizar un suministro mínimo de toneladas de nuez cruda en proximidad para justificar la inversión en una planta de procesamiento.

El transporte de las yemas y/o injertos desde Puerto Carreño hasta la costa atlántica es ridículo cuando se tiene un centro de distribución dentro de la misma región de interés. Esto ha inhibido el desarrollo de proyectos productivos de Mapiria Ao1 de gran escala en los departamentos de la costa atlántica, y hasta que los fletes no sean mínimos no se puede incurrir en un proyecto de esta índole de forma rentable.

Esa garantía es necesaria e indispensable que se resuelva prontamente si queremos potencializar al Marañón como producto agro líder en la canasta de exportaciones colombianas. Las condiciones están dadas para convertir una porción del millón de hectáreas hábiles en haciendas productivas y de vocación exportadora; ¡en la costa estamos listos y esperando ese momento con ansias!

Referencias bibliográficas

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