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El valor del café colombiano, ¿en el grano o en la taza?

Por: Diana Barbosa S., estudiante de Doble Pregrado en Literatura y Administración de Empresas.

El café colombiano es reconocido por ser uno de los mejores cafés suaves[1] del mundo y por su alta calidad. Finalizado el 2020, el valor de la cosecha de café de Colombia cerró con 9 billones, lo cual representa un máximo en los últimos 20 años. Esto se debió a la depreciación del peso y a la subida del precio promedio en la bolsa de Nueva York de 111,2 ¢/lb, un 9.6% más que el 2019. La volatilidad del precio en bolsa puede ser explicada, en gran parte, por las lluvias de la primera mitad del 2020 en Brasil y una disminución de las exportaciones en Centroamérica por baja oferta de mano de obra (FNC, 2020). Sin embargo, el sector cafetero colombiano no debe celebrar una corta bonanza por un fenómeno temporal en Brasil. Por el contrario, debe perseguir un incremento tanto de la producción como de su precio interno de la carga ofreciendo valor agregado en el café que comercia.

Algo similar se ha visto en julio de este año, pues las heladas en Brasil repuntaron el precio internacional del café en bolsa a US $2,07. Lo cual incidió en Colombia, logrando un precio interno de la carga de $1,9 millones, un máximo histórico para el país. Sin embargo, el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Roberto Vélez, advirtió que el país no está en medio de una bonanza cafetera, sino que “estamos viendo niveles de precios atractivos y rentables para el productor” (La República, 2021), mientras que la helada en Brasil pasa.

Ahora bien, en vez de importar el café para que los países industrializados produzcan pods[2], Colombia podría invertir en maquinaria y en plantas para producirlos internamente. Esto ya lo hizo la empresa Pod Col Coffee, un holding de valor agregado de Procafecol, que produce pods desde una planta en Bogotá y los comercializa tanto en Estados Unidos en las tiendas Juan Valdez, como en algunos supermercados de Colombia. Para comparar precios, una caja de 12 pods, con 92g de café cuesta $11.700 COP, mientras que 92g de “Café Finca Grano”, también de Juan Valdez, cuestan aproxidamente $5.500 COP.

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Aún más, esta oportunidad no solo existe para los pods. Los productores nacionales de café también deben reconocer una demanda emergente que surge desde una audiencia más rigurosa, que exige conocer los orígenes de las cosechas, las prácticas responsables con la mano de obra y con el medio ambiente, así como exige una producción orgánica y natural. Estas tendencias que son impulsadas por una conciencia del consumidor son aún más fuertes en países como Estados Unidos y países de Europa, y son justo estos mercados en donde se concentra la mayor demanda de café colombiano. Una proyección del 2020 de la Organic Coffee Market arrojó que, el mercado de café orgánico se valoró en $ 6,8 mil millones en 2018, y se proyecta que alcance los $ 12,6 mil millones para 2026, registrando una tasa de crecimiento anual del 8,2% de 2019 a 2026.

Tomando como ejemplo a Suiza, que es un gran exportador de café tostado sin granos propios y es responsable de casi el 25% de las exportaciones de café del mundo, con ganancias de dos mil millones de dólares anuales (Forbes, 2021), Colombia debe repensar su cadena de producción y aprender de otros modelos que se preocupan por el proceso del grano después de ser cosechado.

Actualmente, existe una gran oportunidad de inversión en departamentos como Caldas y provincias del sur de Santander. En Caldas, el 40% de los caficultores (12.900 caficultores), apoyados por el Comité de Cafeteros, se han vinculado a las prácticas exigidas por los sellos de café especial. Más de 45.000 hectáreas cafeteras de este departamento adoptaron estándares de cafés especiales y se rigen bajo prácticas de sostenibilidad (FNC). De manera similar, provincias como Guanentá y Comuneros han obtenido certificaciones de café sostenible, por su compromiso con la responsabilidad ambiental y social. Estas zonas producían el 92% de los cafés especiales tipo exportación del sur de Santander, con poblaciones de no más de 150.000 habitantes en el 2016 (Unilibre, 2016).

Fuente: “Problemas de los caficultores de Colombia requieren de una institucionalidad sólida”. Tomado de: Somos La Revista.

Fuente: “Problemas de los caficultores de Colombia requieren de una institucionalidad sólida”. Tomado de: Somos La Revista.

Finalmente, el compromiso debe ser crear valor a lo largo de la cadena, comenzando con el productor y enfocarse en sofisticar la canasta exportadora. El café, más que un bien agrícola, es el pilar de un tejido social e institucional (FNC), responsable por generar 2,5 millones de empleos directos e indirectos y de cuya actividad dependen 545 mil familias colombianas (Minagricultura, 2020). Por esta razón, Colombia debe mejorar su competitividad, por medio de posicionamiento de sus productos, de diferenciación, calidad, oferta de valor agregado y de estrategias y modelos difíciles de replicar. En este sentido, la economía debe dejar de depender de las commodities o materias primas y apostarle a proyectos que transformen la materia en productos de mayor valor. Los estándares y sellos de calidad, una mayor producción en cafés especiales, compromiso con la trazabilidad utilizando tecnología como blockchain, así como los certificados de responsabilidad social y ambiental son oportunidades alternativas a inversiones más grandes en productos de valor agregado.

[1] Cafés de tipo arábigos que se caracterizan por producir una bebida suave (de acidez y aroma pronunciados y amargo moderado).

[2] Cápsulas o almohadillas de café molido con la cantidad exacta para preparar una taza. Se empacan dentro de un papel de filtro para que no pierdan sabor, aroma y textura.

Referencias

 

 

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